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	<title>Lenguaje Fuerte archivos - Blog Erótico</title>
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	<description>Relatos Porno y eróticos Cortos para llevar placer a todos tus sentidos</description>
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	<title>Lenguaje Fuerte archivos - Blog Erótico</title>
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		<title>Verano Ardiente</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Naco De Garibaldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Aug 2025 11:44:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amigos con Derecho]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Eli, bien puesta pa'l baile, traía un bikini rojo tan minúsculo que parecía más bien dos banderitas de torero pegadas con fe. Estirada en su toalla como sirena de alberca inflable, aprovechaba los rayos</p>
<p>La entrada <a href="https://confesionesymas.com/blog/2025/08/04/verano-ardiente/">Verano Ardiente</a> se publicó primero en <a href="https://confesionesymas.com">Blog Erótico</a>.</p>
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						<ol class="uagb-toc__list"><li class="uagb-toc__list"><a href="#verano-ardiente" class="uagb-toc-link__trigger">Verano Ardiente</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#colmo-de-suerte" class="uagb-toc-link__trigger">Colmo de suerte</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#madrugada-chilanga" class="uagb-toc-link__trigger">Madrugada Chilanga</a></ol>					</div>
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				</div>
			


<p class="textojustificado">¡Ufff! El DF (bueno, la CDMX pa&#8217; los cuates modernosos, pero el corazón le dice Distrito Federal) estaba metido hasta las cachas en el pinche verano ardiente. El sol, ese cabrón incansable, no se andaba con chiquitas: pegaba “a todo lo que da” desde temprano, con una cadencia que era pura madriza. No era el calor húmedo de la costa, no. Era un golpe seco, directo, como si el asfalto estuviera empecinado en devolver todo el calorsón que tragaba. Andar por ahí sin tu arsenal de ropa ligera era un suicidio: las playeras de algodón se pegaban al lomo como segunda piel, los shorts eran la ley y hasta los más fresa bajaban la guardia con las sandalias. El aire, pesadito, olía a concreto recalentado, a nieve de garrafa que se derrite rápido y a ese ajetreo único de la ciudad que, aún achicharrándose, no paraba ni un segundo. Pura vibra canicular, compa.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Verano Ardiente</h2>



<p class="textojustificado">En medio de ese infiernito asfáltico, vivía Eli, una morra estudiante que se movía por las lomas aledañas al centro – tipo San Ángel o Coyoacán de los nice, ¿me entiendes? Su jefa, una diplomática full power metida en Relaciones Exteriores, y su jefe, bien plantado en el consulado, le habían armado una vida que era pura envidia: casa del tamaño de un estadio, piscina para capear el calorón y hasta servicio incluido. Pero aquí está el detalle, compa: con los papás tragándose el mundo en sus chambas ultra top, los veranos de la Eli eran un maratón de soledad. Se la pasaba a todo dar en esa mansión, acompañada nomás por la crew del servicio: la cocinera que le preparaba unos guisados que pa&#8217; qué, la señora que le sacaba brillo hasta a las telarañas&#8230; y Felipe, el jardinero.</p>



<p class="textojustificado">¡Ah, Felipe! Ese vato era el plot twist en su aburrición de verano. Alto como un poste de luz, espigado, con una piel morena que parecía haber absorbido todo el sol del DF y convertirlo en pura tentación. Cada vez que la Eli lo veía pasar, sudoroso, con los brazos marcados cortando el pasto o podando las bugambilias, sentía un chingadazo de deseo que la dejaba toda alborotada. No era un crush sencillo, no. Era una jalada intensa, caliente, que le hervía la sangre más que el pavimento al mediodía. La morra traía el gusanito bien prendido y, neta, no iba a dejar que esos antojos se quedaran en puras ganas. Tenía un plan, o al menos, una&nbsp;&nbsp;necesidad que no pensaba ignorar. El verano estaba para vivirse, ¿o no?</p>



<h2 class="wp-block-heading">Colmo de suerte</h2>



<p class="textojustificado">Pues resulta que una tarde de esas donde el sol no jugaba, parecía que hasta el pinche destino se había alineado con los antojos de la Eli. La morra estaba ahí, junto a la alberca, ardiendo más que el asfalto de Periférico. Y pa&#8217; colmo de suertes (o desgracias, según como se viera), ¡no había ni un alma en la casa! Nada más ella, el calorón y&#8230; Felipe, que andaba echando la mano con las plantas.</p>



<p class="textojustificado">La Eli, bien puesta pa&#8217;l baile, traía un bikini rojo tan minúsculo que parecía más bien dos banderitas de torero pegadas con fe. Estirada en su toalla como sirena de alberca inflable, aprovechaba los rayos. Felipe, el pobre cabrón, que ya le traía el ojo hecho un huizache desde hacía rato, la espiaba con disimulo desde atrás de un limón. No era pa&#8217; menos, compa. La morra, aunque chaparrita y delgada, tenía un cuerpazo que daba para pensar en pecados: sus nalgas eran de esas que hasta en las revistas top las ponen de portada, compactas y con una curva que invitaba a perderse. El busto, pues sí, era modesto, pero en ese triángulito rojo se veía tan provocador que hasta daba pena ajena la lucha del Felipe por no mirar.</p>



<p class="textojustificado">De repente, en un movimiento que parecía salido de sus fantasías más locas, Eli alzó la voz: “¡Oye, Felipe! ¿Me echas bloqueador? Es que no llego a la espalda&#8230;” El jardinero se quedó plantado, más tieso que un maguey. ¡No mames! ¿En serio le estaba cayendo esa mamada? El corazón se le quería salir del pecho. Con una mezcla de timidez que lo hacía ver bien tierno y una decisión que lo traicionaba, agarró el bote de bloqueador. Se acercó como si el piso estuviera minado.</p>



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<p class="textojustificado">Eli se quedó boca abajo, la espalda al aire, un lienzo moreno esperando sus manos. Felipe, con dedos que temblaban más que borracho en enero, empezó. Primero fue un poquito de loción fría en los hombros. ¡Chin! Eli contuvo el aire. Las manos de él, callosas de tanto jalar manguera y podar rosales, pero increíblemente suaves ahora, empezaron a deslizarse. Recorrieron despacio la parte alta de la espalda, bajando por la columna como explorando un mapa prohibido, hasta llegar a la cintura. Felipe se esmeraba, bien meticuloso, como si fuera un restaurador de arte cubriendo cada rinconcito, cada huesito salido. Eli, por dentro, volaba; sentía cada roce como un chispazo, pero afuera era una estatua, calladita para no delatarse.</p>



<p class="textojustificado">Cuando terminó la espalda, Felipe, con la voz apretada como si trajera un nudo en la garganta, soltó: “¿Va quedando, señorita Eli?”. Ella giró la cabeza, le clavó una mirada que era pura candela y le soltó con una picardía que le congeló la sangre: “Uy, no. Todavía me faltan las piernas&#8230;”Y ¡zas!, se volteó boca arriba, recargándose en los codos, exhibiéndose completa bajo el sol.</p>



<p class="textojustificado">Felipe, que ya sentía el calentón subiéndole por el cuello como marea roja, tragó saliva. ¡A darle, que es mole de olla! Empezó otra vez, ahora por las pantorrillas. Las manos, más seguras pero igual de lentas, subían por los músculos tensos de Eli, llegando a los muslos. Ahí fue el infierno. Deslizaba los dedos de arriba abajo, sintiendo la piel caliente y suave bajo sus palmas. La tanga roja era una burla: tan chiquita que apenas cubría lo esencial, exponiendo casi todo. Felipe sudaba frío, concentradísimo en esparcir la loción sin pasarse de listo y meter los dedos unos centímetros mortales más arriba o más adentro. La tentación era una bestia rugiéndole en la cabeza, insoportable.</p>



<p class="textojustificado">Con la voz ya convertida en un hilito tembloroso, casi un susurro, preguntó otra vez: “¿Así&#8230; así está bien?”. Eli, que ya iba por su nivel diez de placer, se mordió el labio. Se apoyó mejor en los codos, arqueó ligeramente la cadera hacia él y, con un gesto de esos que derriten almas, señaló sus muslos con la barbilla: &#8216;Todavía falta por acá&#8230;&#8217;. No hizo falta más. Felipe, poseído, regresó al muslo. Pero esta vez empezó por el lado externo, subiendo con una lentitud criminal por la cadera, rozando el huesito con el pulgar, para bajar después por la parte delantera, obsesionado con invadir lo único que quedaba virgen de su tacto. Cuando sus dedos llegaron a la parte interna del muslo, rozando la orilla caliente de la tela diminuta, Eli soltó un suspiro. Largo. Húmedo. Felipe, embraguetado, siguió. Su mano subió, milímetro a milímetro, por ese camino peligroso, hasta rozar apenas, sin tocar, el elástico de la tanga en la entrepierna, deslizándose luego hacia atrás, hacia la curva donde nacía la nalga.</p>



<p class="textojustificado">Eli, al sentir esa mano tan cerca del paraíso, tuvo que morderse la lengua para no gemir. El calor la inundaba,el pulso le martillaba en las sienes&#8230; ¡Y EN ESE MOMENTO! ¡PUM! ¡La chingada! Se oyó el portón de servicio, las voces de la cocinera y la señora de la limpieza llegando del mandado. ¡Justo cuando el Felipe estaba a punto de cometer un acto digno de película! Los dos saltaron como si les hubieran echado agua fría. Eli se recostó de golpe, fingiendo profunda concentración en su bronceado. Felipe, rojo como jitomate, agarró la podadora como si fuera un escudo y se lanzó al pasto como si su vida dependiera de cortar cada brizna de zacate en ese instante. El aire, que antes hervía de deseo, de repente olía a oportunidad perdida y a pinche mala suerte chilanga. Neta, qué mala onda.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Madrugada Chilanga</h2>



<p class="textojustificado">El DF olía a madrugada agria—ese aire que ya no es fresco pero tampoco pesado, como si la ciudad estuviera conteniendo el respiro. Eli estacionó su Tsuru tuneado frente a la casa de las Lomas. No era el alcohol de la fiesta fresa en La Condesa lo que la hacía tambalearse, sino los nervios del plan. Tres semanas enteras mirando a Felipe cortar el pasto como si nada hubiera pasado, mientras ella hervía en silencio. Hoy no, compa. Hoy se acababa el teatro.</p>



<p class="textojustificado">Felipe, siempre madrugador, estaba en el cuartito de herramientas—un cubo de concreto pegado al garaje, oliendo a gasolina, tierra mojada y esfuerzo viejo. Afilaba las cuchillas de la podadora con cara de concentración, cuando el chirrido del portón eléctrico lo sacó de su trance. ¿Quién chingados a estas horas? Se asomó por la rendija&#8230; y ahí estaba ella: vestido plateado corto como herida, tacones de aguja colgando de sus dedos, el humo del antro pegado en la piel.</p>



<p class="textojustificado">—¿Señorita Eli? ¿Todo bien?—preguntó, confundido, limpiándose las manos en el pantalón de mezclilla.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Ella no contestó. Empujó la puerta de golpe. El clic del cerrojo sonó como un balazo en la noche.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Ya no aguanto, Felipe—dijo, y su voz no tembló. Era un rugido, una confesión, una orden sin apellidos.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">El jardinero se quedó petrificado. En ese cuartito de tres por tres, las reglas del mundo se borraron. Ya no había señorita rica, ni empleado, ni papás con pasaporte diplomático. Solo dos cuerpos que llevaban semanas comiéndose con los ojos. Eli se acercó, y el vestido plateado resbaló al suelo como cáscara de mango. Abajo solo traía un hilo rojo—el mismo bikini de la piscina.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—¿Te acuerdas de lo que no terminamos?—susurró, pegando su cuerpo al de él. Felipe sintió el calor de su piel a través de la playera mugrosa de trabajo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">El vato, que jamás en su vida se había sentido dios, dejó caer la podadora. ¡Clank! Las herramientas retumbaron en el suelo. Ya no hubo timidez, ni preguntas, ni «¿así está bien?». Fue un choque de bocas, dientes y lenguas, como dos perros sacando sed acumulada. Eli le arrancó la playera—¡rasg!—y sus uñas recién pintadas le dibujaron rayitas rojas en la espalda morena.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Felipe la alzó como si fuera costal de tierra. La sentó sobre la mesa de trabajo—un tablón lleno de llaves stillson, desarmadores y un bote de aceite abierto. El metal frío le puso piel de gallina a Eli.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Aquí&#8230; entre tus cosas—jadeó ella, abriendo las piernas como llave inglesa.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Él enterró la cara en su cuello, mordiendo esa piel que olía a vodka y ganas. Sus manos, callosas y aceitosas, le arrancaron el bikini. ¡Pop! El hilo rojo voló hacia un rincón, cerca de una pala olvidada.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Lo que vino fue rápido, rudo y sin disculpas:</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Felipe se metió entre sus muslos como camión en bache.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Eli gritó—no de dolor, sino de alivio animal—cuando él entró de un empujón seco.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; La mesa crujió; las herramientas saltaron como fichas de dominó. Un martillo cayó reclamando atención. ¡Clank!&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Él la movía contra el borde de la mesa, agarrándola de las nalgas con fuerza de podadora. Ella le clavaba los talones en la espalda baja, marcándole medias lunas con los tacones que aún no se quitaba.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Los gemidos eran bestia, ahogados por el sudor y el olor a grasa de motor. Nada de caricias lentas: era puro golpear, puro sacar lo guardado.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Eli, que jamás había sentido algo así, rasguñó la pared de concreto. Las yemas le sangraron un poco. El dolor solo le subió el calor.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—¡Sí, cabrón! ¡Así!&#8230; —rugió, mordiéndole el hombro hasta dejar huella.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Felipe, el jardinero callado, se transformó. La tomó de la cintura, la volteó boca abajo sobre la mesa (una llave inglesa le clavó el costado, pero ni lo sintió). Le levantó las nalgas—redondas, sudorosas, marcadas por sus dedos—y la penetró por detrás. Más profundo. Más dueño. Eli aplastó la cara contra el tablón, gimiendo en el sabor a metal y polvo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">El final llegó como aguacero en sequía: rudo, repentino y mojado. Felipe la soltó con un gruñido que parecía salido de un tinaco vacío. Eli tembló toda, las piernas hechas gelatina. Se deslizó de la mesa, resbalando en aceite y propio líquido. Cayó de rodillas frente a él.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Silencio. Solo respiraciones rotas y el tic-tac de un reloj viejo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Felipe ajustó el pantalón. Eli juntó su ropa del suelo—el vestido plateado ahora manchado de grasa negra. No hubo beso, ni promesa, ni «esto no vuelve a pasar».&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Los Ruiz llegan a las 7&#8230; El pasto del frente necesita recorte—dijo él, evitando su mirada, encendiendo un cigarro de cajetilla económica.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Eli asintió. Se vistió a prisa. Antes de abrir la puerta, pausó. Su pelo revuelto, el rastro de labial corrido por la barbilla.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Si vuelvo a arder&#8230; ¿sabes dónde encontrarme, verdad?—no era pregunta.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Felipe miró al cielo, sonriendo por primera vez—cínico, cansado, dueño de un secreto.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Sí, señorita.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Ella desapareció en la madrugada gris. Felipe recogió el hilo rojo del rincón. Lo guardó en el bolsillo del pecho, junto a su cajetilla. Afuera, los pájaros empezaban a chillar. El DF despertaba. La hierba seguía creciendo. Las herramientas amanecieron manchadas. Y nada, absolutamente nada, volvería a ser igual.</p>
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		<title>La Oportunidad</title>
		<link>https://confesionesymas.com/blog/2020/08/23/la-oportunidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Diamond]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Aug 2020 11:43:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p> Ella misma saco su sujetador. Dejándome ver en su esplendor sus pechos juveniles, grandes y blancos</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center textojustificado">Siempre que veo a un niño en el supermercado me recuerdo de ella. Debe ser por que fue en ése lugar dónde se encendió la llama. Ya nos conocíamos desde hace tiempo pero siempre la mire con otros ojos. Ella era alta, 1,70 Mts. superior al promedio chileno, una cabellera rubia que pasaba sus hombros, sus ojos eran candentes tenía esa mirada que me erizaba los pelos y hacia hervir mi sangre. Lo que más me gustaba de ella eran sus pechos que parecían dos melones que ya quisiera besarles en plenitud, tener la oportunidad y sentirles en mi cara.</p>


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							Tabla de contenidos						</div>
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						<ol class="uagb-toc__list"><li class="uagb-toc__list"><a href="#la-oportunidad-llegó" class="uagb-toc-link__trigger">La Oportunidad Llegó</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#la-tensión-se-palpa-en-el-ambiente" class="uagb-toc-link__trigger">La Tensión se Palpa en el Ambiente</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#mucho-por-descubrir" class="uagb-toc-link__trigger">Mucho por Descubrir</a></ol>					</div>
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<p class="has-text-align-center textojustificado">Ella siempre usaba peto que los lucia muy bien, además mostraba su abdomen y un piercing en su ombligo, su otro atractivo físico eran sus piernas que siempre destacaban todas las minifaldas que tanto le gustaba usar. Yo también tenía altura promedio 1,70 mts; ojos negros, cabellera castaña, barba y bigote que me daban un estilo norteamericano, además de un cuerpo esbelto, abdomen plano y piernas fuertes de tanto practicar atletismo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La Oportunidad Llegó</h2>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Sí fue una tarde en el supermercado que nos encontramos de casualidad, era sábado y me disponía a comprar los bebestibles para una fiestilla con los amigos. Cuando en ese momento veo un niño extraviado, me acerco para ayudarlo y al mismo tiempo aparece ella a buscarlo y me agradece tan gentil acto de protección, charlamos un rato y me decido a invitarla a la fiesta, pero me dice que lo lamenta pero tiene que cuidar a su sobrino en casa, en cambio me propuso que si quería le podía hacer compañía en esa tan delicada tarea, como ya le tenía ganas y entendiendo su mensaje acepté entusiasmado.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Cuando llegamos a su casa destapamos unas cervezas y charlamos mirándonos insinuantes. De vez en tanto, al reírnos nos acercábamos y rozábamos nuestros brazos y poco a poco entre risas, más que unTos pocos roces y las cervezas el ambiente se estaba poniendo tenso de deseo, las miradas eran cada vez más penetrantes y la hora de que aquel sobrino pronto se durmiera era un anhelo más que esperado. Una vez llegado ese momento todo volvió al punto de partida producto del ajetreo normal de tremenda tarea. Pero yo no estaba dispuesto a dejar esa oportunidad.</p>



<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-ce502c07 alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<h2 class="wp-block-heading">La Tensión se Palpa en el Ambiente</h2>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Al cabo de un rato seguimos charlando y la tensión sexual volvió a sentirse, en cada brindis nos mirábamos y a cada carcajada nos acercábamos. El momento ya había llegado, en uno de esos acercamientos busco sus labios carnosos color carmín y los beso suavemente sintiendo mi corazón acelerar y a su cuerpo dejarme hacer de tan esperado beso. El beso duro unos cuantos segundos, seguidos de un silencio sin igual, mientras nuestras miradas llenas de fuego y pasión se entrelazaban provocando una melodía única de ternura y deseo a la vez. Ese momento fue interrumpido únicamente por un segundo beso más apasionado y llevándolo a toda la extensión de nuestros cuerpos, mis manos tomaron su cintura y su cabellera al mismo tiempo, mientras ella tomaba mi cabello y lo soltaba en un acto casi salvaje.</p>



<div class="wp-block-uagb-call-to-action uagb-block-7a8d17ed wp-block-button textojustificado"><div class="uagb-cta__wrap"><h5 class="uagb-cta__title">Deja tu comentario</h5><p class="uagb-cta__desc">Si te gusta lo que lees dejanos tu comentario. Te leemos.</p></div><div class="uagb-cta__buttons"><a href="#comentario-oportunidad" class="uagb-cta__button-link-wrapper wp-block-button__link" target="_self" rel="noopener noreferrer">Comentar<svg xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" viewBox="0 0 512 512"><path d="M504.3 273.6l-112.1 104c-6.992 6.484-17.18 8.218-25.94 4.406c-8.758-3.812-14.42-12.45-14.42-21.1L351.9 288H32C14.33 288 .0002 273.7 .0002 255.1S14.33 224 32 224h319.9l0-72c0-9.547 5.66-18.19 14.42-22c8.754-3.809 18.95-2.075 25.94 4.41l112.1 104C514.6 247.9 514.6 264.1 504.3 273.6z"></path></svg></a></div></div>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Digo casi porque era mezclado con sutiles caricias en mi cuello. Estábamos sentados en el sofá y mis manos no dejaban de recorrer su espalda rasguñándola suavemente a ratos, lo cual era respondido con sus brazos apretándome contra su cuerpo. A esa altura ya escuchaba su respiración agitada, lo cual me ponía más salvaje, tomaba su pelo con mi mano y lo jalaba hacia atrás levantando su barbilla dejando descubierto su cuello para besarlo suavemente, fue ahí donde escuche su primer gemido, el cual desato mi locura, no había vuelta atrás estábamos sumergidos en un acto demencial y apasionado. Mis labios la besaban locamente mezclados con suaves roces de mi lengua sobre sus labios y luego mi lengua la atacaba ferozmente mientras mis labios la besaban sutilmente.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">La situación se ponía más ardiente y la ropa empezó a molestar. Tome su peto con ambas manos y lo levante, en un movimiento casi instantáneo ella alzo sus brazos permitiendo sacar esa prenda tan sensual, pero que para mis fines ya se tornaba un estorbo. Sin pensarlo dos veces e intuyendo mi desesperación por besar, saborear y engullir todas sus hermosas tetas y también con el propósito de no perder tiempo tratando de desabrocharlo, ella misma saco su sujetador. Dejándome ver en su esplendor sus pechos juveniles, grandes y blancos como la nieve. Sus pezones eran rosados muy ardientes que llamaban a la acción.</p>



<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-08a8e5ad alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<p class="has-text-align-center textojustificado">No tarde mucho en poner mis labios sobre ellos, no sin antes bajar por su cuello y rodeándolos con mi lengua antes de llegar a sus ya duros pezones. Los muerdo suavemente oigo un gemido de aprobación, sigo besándolos rodeándolos y acercándome a su axila, la cual levanta dejándome besarle por donde se me plazca.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mucho por Descubrir</h2>



<p class="has-text-align-center textojustificado">A pesar de que me sentía muy a gusto con sus pechos había mucho más por descubrir en esa noche. Me siento en el sofá y la tomo por su cintura levantándola por sobre mi, ella coopera porque se me hace muy fácil tomarla y ponerla sobre mi verga que a esas alturas ya la tenía a reventar de erecta. A pesar que yo tenía el pantalón aún y ella su braga y su minifalda, me sintió y, con una voz muy coqueta y cachonda me dice al oído “la tienes dura”, a lo cual le respondo también al oído y, en voz baja “ todo eso te voy a poner” ella dejo caer un gemido mientras movía su cadera frotando su exquisita concha sobre mi verga, aún cautiva en mi pantalón. Al tenerla sobre mi, tenía acceso a casi todo su cuerpo que recorrí una y otra vez rasguñando su espalda y llenando su boca con mi lengua, humedeciendo sus costillas y pechos con mis labios.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Ya no tenía control, eso la excitaba y con cada grosería que susurraba en su oído sus gemidos se hacían desesperados. Yo no daba más de excitado y mi verga estaba a punto de atravesar toda vestimenta para poder entrar en tan rica concha. Nuevamente, la tomo por la cintura, esta vez ya decidido a entrar en su cuerpo, la recuesto sobre el sofá y me pongo de pie frente a ella que me miraba toda cachonda. Veo sus piernas aún juntas pero semiflectadas y medio de costado, mostrándome que tremendo culo, su minifalda a la altura de la cadera ya había perdido toda utilidad. Me desabrocho el pantalón y lo bajo con todo y ropa interior. La veo, sus pechos candentes sus manos una sobre el respaldo del sofá y la otra en su boca saboreando lo que ya vendría.</p>



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<p class="has-text-align-center textojustificado">Ya completamente desnudo, nada más que retirar, todo lo que sobraba era la minifalda y su braga muy coqueta y sensual, la retiro despacio con ambas manos, ella colabora levantando la cadera dejándome ver su cuerpo en plenitud. Yo poniéndome como loco al ver su depilación completa, me acelero y me lanzo a besar su barriga, mientras ella se arqueaba de placer “que rico mijita la tiene peladita” le digo, “toda tuya” responde. Voy bajando lentamente con mis labios besando sus caderas y acercándome a su concha “que zorrita tan rica” insisto, “esta mojadita para ti” responde. </p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">La miro y paso la punta de mi lengua por sus labios mayores depilados y muy suaves, siento su aroma que me vuelve loco, su clítoris ya está asomado y mojado y, deseoso de sentir mi verga dentro. Lo beso, paso mi lengua de arriba abajo, la muevo en círculos y escucho gemidos de locura, la tomo por los muslos y la arrastro hasta la orilla del sofá con la cadera casi afuera. Ella gime desesperada, enloquezco y vuelvo a chupar tan exquisita concha mientras con mi lengua intrusa la penetro tanto como mi anatomía lo permite y ella me dice “cómeme la zorrita”, “te voy a culiar” respondo, “culeame “ me dice.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado"> Me pongo de pie, la tomo y la pongo de rodillas dándome la espalda. En ese ya desordenado sofá se inclina y levanta ese culo hermoso, con mi mano derecha le doy una nalgada con la izquierda tomo mi verga y acaricio sus nalgas.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado"> Al sentir mi pene cerca se inclinó aún más para dar entrada a lo que ya era una necesidad para ella. Lo pongo en el centro de sus nalgas, bajo hasta el clítoris tan mojado y suave que mi verga no tuvo ninguna fricción incómoda y entró como si ese fuera su lugar de vida, ambos gemimos. Con mis dos manos la aprieto contra mi, sin dejar de empujar hacia adelante a pesar de haber llegado a lo más adentro posible, sus gemidos ya no tenían control y eran desaforados. Sin dejar de penetrarla la tomo de sus pechos y la apego a mi cuerpo, sus brazos me abrazaron hacia atrás, no sé si en aprobación o por deseo de seguir en la penetración profunda que teníamos. </p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">En esa posición tenía acceso a todo su cuerpo, que recorría con mis manos, como si de eso dependiera mi vida. Lleve mis dedos a su boca la cual abrió para así lamérmelos desesperada, con mi otra mano bajaba por sus pechos deslizándola por su abdomen hasta su depilada concha, su húmedo clítoris mojaba mis dedos mientras los movía de forma circular, para luego llevarlos a su boca, la cual recibía ese húmedo regalo, como si fuera agua en el desierto. Mi cadera no dejaba de moverse y presionando la suya con mi mano contra mí, lograban sacar los gemidos mas exquisitos que jamás había oído. Su rico clítoris me apasionaba con su humedad, tanto que ya no retire más mi mano derecha de ahí. Cuando bajaba mi mano podía sentir mi pene entrando y saliendo, yo presionaba el clítoris contra mi pene, lo cual la hacía gritar de placer.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">En ese instante, me dijo, que ya se venía “vamos mijita te voy a dejar llenita” le dije. No terminaba de decir la frase cuando sus gemidos más salvajes me hacían evidente su clímax, no solté su clítoris hasta que acabamos ambos, en un concierto de gemidos y gritos como si no existiera nada más en este mundo y nadie pudiera oírnos.</p>



<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-78bb1ccb alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<p class="has-text-align-center textojustificado"></p>



<p class="textojustificado">Poco a poco recobramos el aire y la fui soltando lentamente. Comencé a sentir mis piernas ya cansadas, en eso recuerda que su sobrino dormía en la habitación. con cara de susto tremendo corre desnuda a ver a la habitación, por suerte, el niño aún dormía y no escucho nada. Nos miramos y no contuvimos la risa, por lo salvajes y mal cuidadores de niños que somos. A continuación, nos vestimos y acurrucamos sobre él ya ordenado sofá. Ademas, prometimos volver a vernos, pero la próxima vez sin niños que cuidar, a pesar que no fue un impedimento para desatar nuestros más oscuros deseos.</p>



<div class="wp-block-uagb-call-to-action uagb-block-c991856f wp-block-button"><div class="uagb-cta__wrap"><h5 class="uagb-cta__title">También podría gustarte</h5><p class="uagb-cta__desc">Revisa nuestro cuento corto «La Chica de la Sonrisa Coqueta»</p></div><div class="uagb-cta__buttons"><a href="https://confesionesymas.com/la-chica-de-la-sonrisa-coqueta/" class="uagb-cta__button-link-wrapper wp-block-button__link" target="_self" rel="noopener noreferrer">Ir<svg xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" viewBox="0 0 512 512"><path d="M504.3 273.6l-112.1 104c-6.992 6.484-17.18 8.218-25.94 4.406c-8.758-3.812-14.42-12.45-14.42-21.1L351.9 288H32C14.33 288 .0002 273.7 .0002 255.1S14.33 224 32 224h319.9l0-72c0-9.547 5.66-18.19 14.42-22c8.754-3.809 18.95-2.075 25.94 4.41l112.1 104C514.6 247.9 514.6 264.1 504.3 273.6z"></path></svg></a></div></div>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity" id="comentario-oportunidad"/>



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		<title>La Chica de la Sonrisa Coqueta</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Diamond]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Aug 2020 11:03:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amigos con Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Lenguaje Fuerte]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Porno]]></category>
		<category><![CDATA[Sexo Casual]]></category>
		<category><![CDATA[historias eróticas]]></category>
		<category><![CDATA[historias porno]]></category>
		<category><![CDATA[porno]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Ella me paro su culito, le di una nalgada. Luego puse mi mano en su monte de venus y cargue mi verga en su culo</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center textojustificado">Desde que recuerdo, miraba a ésa chica. El pueblo en que vivíamos era pequeño y, en más de una ocasión la encontraba en los lugares más concurridos. Ella es morena siempre sonriente y un culito que está para enloquecer, su cabello negro lucia muy bien su coqueta sonrisa. Y cuando alzaba sus brazos para arreglar ése cabello, sus pechos sensuales se destacaban, ella sabía que era sexy. Imagino que lo hacía a propósito. No sabía dónde vivía, pero si sabía que podía encontrarla en algún momento, y así abordarla, para hablar con ella, invitarla a salir. Y así darle a conocer mis deseos más escondidos y tener a la chica de la sonrisa coqueta completamente para mi.</p>



<div id="la-chica-de-la-sonrisa-coqueta" class="wp-block-uagb-container uagb-block-c0b2087f alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Por esas cosas de la vida no la volví a ver. Y sin darme cuenta la había olvidado por completo.</p>



<p class="textojustificado">Yo, me casé, luego me separé, posteriormente al cabo de unos años en ése periodo de soltería, la encontré. Fue en una fiesta de unos amigos. Se veía divina era verano y lucia un chaleco Delgado que dejaba lucir sus hombros. Conversamos un rato. Yo la miraba fijamente, ella sonreía coqueta. Luego bailamos. Ya la noche se estaba encendiendo, al ritmo de los sonidos latinos la tomaba por la cintura, la apegaba hacía mi cadera, Ella respondía con suaves movimientos, siguiendo el juego. La fiesta comenzó a decaer y, fuimos en un grupo pequeño hasta su casa para seguir con la parranda. Ya en su casa, nos instalamos en el sillón yo junto a ella. Bien pegados para sentirnos, cada vez que podíamos nos acercábamos para rosar nuestras manos, cómo por casualidad.</p>



<div class="wp-block-uagb-call-to-action uagb-block-ec499f08 wp-block-button"><div class="uagb-cta__wrap"><h3 class="uagb-cta__title">Te Gusta lo que Lees</h3><p class="uagb-cta__desc">Revisa nuestro blog, ahí encontraras historias como esta, y mucho más.</p></div><div class="uagb-cta__buttons"><a href="https://confesionesymas.com/relatos-porno-y-eroticos-cortos/" class="uagb-cta__button-link-wrapper wp-block-button__link" target="_self" rel="noopener noreferrer">Ir<svg xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" viewBox="0 0 512 512"><path d="M504.3 273.6l-112.1 104c-6.992 6.484-17.18 8.218-25.94 4.406c-8.758-3.812-14.42-12.45-14.42-21.1L351.9 288H32C14.33 288 .0002 273.7 .0002 255.1S14.33 224 32 224h319.9l0-72c0-9.547 5.66-18.19 14.42-22c8.754-3.809 18.95-2.075 25.94 4.41l112.1 104C514.6 247.9 514.6 264.1 504.3 273.6z"></path></svg></a></div></div>



<p class="textojustificado">Después de un rato, casi todos se fueron, quedando solo su amiga con su pareja y nosotros dos. Su amiga salió en un momento al patio a fumar un cigarrillo, yo me acerqué y, le hablé al oído, ella me respondía muy sexy, yo sin pensar mucho comencé a besarle el hombro muy insinuante. Ella me dijo “si sigues no respondo» obviamente, seguí, y en un instante, ya nos estábamos besando, apasionados, con mi mano tome su cabellera y la jale con fuerza, mientras, ella gemía. De pronto su amiga volvió y nos separamos y fingimos que nada pasó.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Su amiga y su novio. Que vivía muy cerca, se fueron. Dejándonos solos, por fin. Conversamos abrazados un rato. Yo la acariciaba, primero su cabello, después recorría sus manos, sus brazos, sus hombros, su cuello y me detenía en sus mejillas. Ella inconscientemente giraba su cabeza buscando acercar mus labios a mis dedos. Yo bajaba mi mano rosando su cuello, la deslizaba de un hombro a otro, provocándola, Me acercaba a sus ardientes pechos pero no los tocaba, volvía a sus hombros y cuello. Ella quería que la tomara, pero se resistía. En cada palabra que pronunciaba se la decía al oído. Notaba que su respiración se aceleraba, hasta que tome su cabello fuerte entre mis dedos y la acerque hacia mí. Ella sin protestar, continuo besando y, con un movimiento ágil, saltó de su lugar, para sentarse sobre mí. A esa altura, mi verga, ya estaba tan dura, que no tuvo problema para sentirla, por sobre nuestra ropa. Nos seguimos besando, recorriendo con nuestras lenguas mientras ella se mecía sobre mí, yo sentía su excitación al rasguñar su espalda, tomaba su culo con fuerza, metía mi mano por debajo de su ropa. Podía tocarla a placer. Traía colaless, los recorría por todo ese culo. Mientras yo besaba su cuello, ella gemía. Me volvía loco. Tomaba sus muslos con mis manos, y la presionaba con fuerza contra mi cadera, para sentir mi dura verga contra su mojada concha.</p>



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<p class="has-text-align-center textojustificado">Era verano, hacía calor y, la puerta que daba al patio estaba abierta. Su mascota, un perro grande, al escuchar los ruidos se acercó, ella en un salto se puso de pie, para cerrar dicha puerta y, así poder seguir con lo nuestro. Yo sin querer separarme de ella, la seguí hasta la puerta, sin que ella lo notara. Al volverse, me encontró de frente, la tome entre mis brazos y la bese apasionado, la puse contra la puerta, tome sus manos y las alce por sobre su cabeza, las sostenía firmemente mientras le besaba el cuello “Te voy a culiar bien rico” le dije. Ella gimió, solté sus manos para comenzar a divertirme con su culo. Metía mis manos por debajo de su ropa y, seguía la forma de su colaless, hasta encontrarme con su húmeda concha. Aun no le sacaba ni una sola prenda, pues ya tenía acceso a tocar todo, sin impedimento. La puerta se encontraba en la cocina. Pero no fue problema para nosotros, la puse contra el refrigerador, ella me paro su culito, le di una nalgada. Luego puse mi mano en su monte de venus y cargue mi verga en su culo, luego baje mi mano a su concha. Que ya más mojada no podía estar. Acaricie su clítoris. Mientras, con mi otra mano, le metía los dedos en su boca. Ella se giró, yo le saque toda la ropa de arriba, chupe sus tetas, lamí sus axilas, quería besarla entera. La cargue con mis manos en su culo, ella ágilmente se aferró a mi cadera con sus piernas alrededor mío, la monte en el mueble de cocina, nos besamos y luego baje por su cuello, sus tetas, su barriga, hasta llegar a su monte de venus, lo besaba, subía a su ombligo.</p>



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<p class="has-text-align-center textojustificado">Luego le quite los pantalones y la volví a colocar en el mueble, ella abrió sus piernas y, me sumergí en su rico clítoris. Lo besé lentamente, subía, bajaba, movía mi lengua en círculos, le metía la lengua en su concha. Ella, jalaba mi cabello, me hundía en su húmeda y exquisita concha. Cuando llego al orgasmo gimió tanto, que mi verga ya quería estar dentro de ella. Al instante, se bajó del mueble y, me indico una silla junto a mí, yo me senté y ella sobre mí. No tuvimos que ocupar las manos para meter mi venosa verga, entro sin más, en tan rica humedad. Ella se movía desenfrenada. Tanto que sonaban como palmadas los choques de su cadera contra la mía. Mi verga, se sumergía y luego aparecía al compás de sus movimientos. Yo me entretenía, besando y chupando sus pezones, también mordiéndolos y apretándolos con mis manos. Ella, se afirmaba en el respaldo de la silla y en el mueble de cocina, para así tener mayor estabilidad y seguir con su galopar intenso. Sus gemidos y el cese del sus movimientos me hicieron notar otro orgasmo. Yo ya estaba a punto de llegar al mío, tanto que me cambie de posición para calmarme un poco.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Ella, estaba cansada, su movimiento intenso la dejo exhausta. Le pedí que se pusiera de rodillas en la silla. Ella ya conociendo la posición lo hizo tal como yo quería, apoyo sus manos en el respaldo, sus rodillas en la silla y el culito bien parado, para poder meter mi verga bien hasta el fondo. La tome por el cabello y le dije al oído “te voy a follar bien duro”, con mi otra mano tome mi verga y la introduje en su concha, luego tome su clítoris abrazándola desde atrás con mi otra mano tome sus pechos y la penetre tan profundo que sus gemidos los podían escuchar en todo el barrio. Le daba tan duro que la silla crujía. Yo no soltaba su clítoris jugaba con él y le daba palmadas. Ella ya estaba por acabar, yo tambien. Ya no me podía contener. Solté su clítoris y sus tetas, para tomar con fuerza sus caderas. Le di un par de nalgadas y le dije “te voy a dejar llenita”. Mientras, arremetía con fuerza en cada envestida, para penetrarla bien profundo. Hasta que ya no pude contenerme más y, un chorro de semen salió inundando su concha tanto que corrió por sus piernas. Ya más relajado solté sus caderas. Ella las siguió moviendo en círculos, tome mi pene y lo frote por su culo que seguía en su movimiento. Eso comenzó a excitarme de nuevo y, quise volver a follarla, pero me dijo, “no, te tienes que ir”. Yo con ganas aún, quede impactado, pero feliz……</p>



<p class="has-text-align-center Textojustificado"></p>



<p class="textojustificado">Sigo con ganas de volverla a encontrar, para continuar lo que quedo pendiente.</p>



<p></p>
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