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	<title>Historias de Amantes archivos - Blog Erótico</title>
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	<description>Relatos Porno y eróticos Cortos para llevar placer a todos tus sentidos</description>
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	<title>Historias de Amantes archivos - Blog Erótico</title>
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		<title>Verano Ardiente</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Naco De Garibaldi]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 Aug 2025 11:44:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amigos con Derecho]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Eli, bien puesta pa'l baile, traía un bikini rojo tan minúsculo que parecía más bien dos banderitas de torero pegadas con fe. Estirada en su toalla como sirena de alberca inflable, aprovechaba los rayos</p>
<p>La entrada <a href="https://confesionesymas.com/blog/2025/08/04/verano-ardiente/">Verano Ardiente</a> se publicó primero en <a href="https://confesionesymas.com">Blog Erótico</a>.</p>
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						<ol class="uagb-toc__list"><li class="uagb-toc__list"><a href="#verano-ardiente" class="uagb-toc-link__trigger">Verano Ardiente</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#colmo-de-suerte" class="uagb-toc-link__trigger">Colmo de suerte</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#madrugada-chilanga" class="uagb-toc-link__trigger">Madrugada Chilanga</a></ol>					</div>
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<p class="textojustificado">¡Ufff! El DF (bueno, la CDMX pa&#8217; los cuates modernosos, pero el corazón le dice Distrito Federal) estaba metido hasta las cachas en el pinche verano ardiente. El sol, ese cabrón incansable, no se andaba con chiquitas: pegaba “a todo lo que da” desde temprano, con una cadencia que era pura madriza. No era el calor húmedo de la costa, no. Era un golpe seco, directo, como si el asfalto estuviera empecinado en devolver todo el calorsón que tragaba. Andar por ahí sin tu arsenal de ropa ligera era un suicidio: las playeras de algodón se pegaban al lomo como segunda piel, los shorts eran la ley y hasta los más fresa bajaban la guardia con las sandalias. El aire, pesadito, olía a concreto recalentado, a nieve de garrafa que se derrite rápido y a ese ajetreo único de la ciudad que, aún achicharrándose, no paraba ni un segundo. Pura vibra canicular, compa.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Verano Ardiente</h2>



<p class="textojustificado">En medio de ese infiernito asfáltico, vivía Eli, una morra estudiante que se movía por las lomas aledañas al centro – tipo San Ángel o Coyoacán de los nice, ¿me entiendes? Su jefa, una diplomática full power metida en Relaciones Exteriores, y su jefe, bien plantado en el consulado, le habían armado una vida que era pura envidia: casa del tamaño de un estadio, piscina para capear el calorón y hasta servicio incluido. Pero aquí está el detalle, compa: con los papás tragándose el mundo en sus chambas ultra top, los veranos de la Eli eran un maratón de soledad. Se la pasaba a todo dar en esa mansión, acompañada nomás por la crew del servicio: la cocinera que le preparaba unos guisados que pa&#8217; qué, la señora que le sacaba brillo hasta a las telarañas&#8230; y Felipe, el jardinero.</p>



<p class="textojustificado">¡Ah, Felipe! Ese vato era el plot twist en su aburrición de verano. Alto como un poste de luz, espigado, con una piel morena que parecía haber absorbido todo el sol del DF y convertirlo en pura tentación. Cada vez que la Eli lo veía pasar, sudoroso, con los brazos marcados cortando el pasto o podando las bugambilias, sentía un chingadazo de deseo que la dejaba toda alborotada. No era un crush sencillo, no. Era una jalada intensa, caliente, que le hervía la sangre más que el pavimento al mediodía. La morra traía el gusanito bien prendido y, neta, no iba a dejar que esos antojos se quedaran en puras ganas. Tenía un plan, o al menos, una&nbsp;&nbsp;necesidad que no pensaba ignorar. El verano estaba para vivirse, ¿o no?</p>



<h2 class="wp-block-heading">Colmo de suerte</h2>



<p class="textojustificado">Pues resulta que una tarde de esas donde el sol no jugaba, parecía que hasta el pinche destino se había alineado con los antojos de la Eli. La morra estaba ahí, junto a la alberca, ardiendo más que el asfalto de Periférico. Y pa&#8217; colmo de suertes (o desgracias, según como se viera), ¡no había ni un alma en la casa! Nada más ella, el calorón y&#8230; Felipe, que andaba echando la mano con las plantas.</p>



<p class="textojustificado">La Eli, bien puesta pa&#8217;l baile, traía un bikini rojo tan minúsculo que parecía más bien dos banderitas de torero pegadas con fe. Estirada en su toalla como sirena de alberca inflable, aprovechaba los rayos. Felipe, el pobre cabrón, que ya le traía el ojo hecho un huizache desde hacía rato, la espiaba con disimulo desde atrás de un limón. No era pa&#8217; menos, compa. La morra, aunque chaparrita y delgada, tenía un cuerpazo que daba para pensar en pecados: sus nalgas eran de esas que hasta en las revistas top las ponen de portada, compactas y con una curva que invitaba a perderse. El busto, pues sí, era modesto, pero en ese triángulito rojo se veía tan provocador que hasta daba pena ajena la lucha del Felipe por no mirar.</p>



<p class="textojustificado">De repente, en un movimiento que parecía salido de sus fantasías más locas, Eli alzó la voz: “¡Oye, Felipe! ¿Me echas bloqueador? Es que no llego a la espalda&#8230;” El jardinero se quedó plantado, más tieso que un maguey. ¡No mames! ¿En serio le estaba cayendo esa mamada? El corazón se le quería salir del pecho. Con una mezcla de timidez que lo hacía ver bien tierno y una decisión que lo traicionaba, agarró el bote de bloqueador. Se acercó como si el piso estuviera minado.</p>



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<p class="textojustificado">Eli se quedó boca abajo, la espalda al aire, un lienzo moreno esperando sus manos. Felipe, con dedos que temblaban más que borracho en enero, empezó. Primero fue un poquito de loción fría en los hombros. ¡Chin! Eli contuvo el aire. Las manos de él, callosas de tanto jalar manguera y podar rosales, pero increíblemente suaves ahora, empezaron a deslizarse. Recorrieron despacio la parte alta de la espalda, bajando por la columna como explorando un mapa prohibido, hasta llegar a la cintura. Felipe se esmeraba, bien meticuloso, como si fuera un restaurador de arte cubriendo cada rinconcito, cada huesito salido. Eli, por dentro, volaba; sentía cada roce como un chispazo, pero afuera era una estatua, calladita para no delatarse.</p>



<p class="textojustificado">Cuando terminó la espalda, Felipe, con la voz apretada como si trajera un nudo en la garganta, soltó: “¿Va quedando, señorita Eli?”. Ella giró la cabeza, le clavó una mirada que era pura candela y le soltó con una picardía que le congeló la sangre: “Uy, no. Todavía me faltan las piernas&#8230;”Y ¡zas!, se volteó boca arriba, recargándose en los codos, exhibiéndose completa bajo el sol.</p>



<p class="textojustificado">Felipe, que ya sentía el calentón subiéndole por el cuello como marea roja, tragó saliva. ¡A darle, que es mole de olla! Empezó otra vez, ahora por las pantorrillas. Las manos, más seguras pero igual de lentas, subían por los músculos tensos de Eli, llegando a los muslos. Ahí fue el infierno. Deslizaba los dedos de arriba abajo, sintiendo la piel caliente y suave bajo sus palmas. La tanga roja era una burla: tan chiquita que apenas cubría lo esencial, exponiendo casi todo. Felipe sudaba frío, concentradísimo en esparcir la loción sin pasarse de listo y meter los dedos unos centímetros mortales más arriba o más adentro. La tentación era una bestia rugiéndole en la cabeza, insoportable.</p>



<p class="textojustificado">Con la voz ya convertida en un hilito tembloroso, casi un susurro, preguntó otra vez: “¿Así&#8230; así está bien?”. Eli, que ya iba por su nivel diez de placer, se mordió el labio. Se apoyó mejor en los codos, arqueó ligeramente la cadera hacia él y, con un gesto de esos que derriten almas, señaló sus muslos con la barbilla: &#8216;Todavía falta por acá&#8230;&#8217;. No hizo falta más. Felipe, poseído, regresó al muslo. Pero esta vez empezó por el lado externo, subiendo con una lentitud criminal por la cadera, rozando el huesito con el pulgar, para bajar después por la parte delantera, obsesionado con invadir lo único que quedaba virgen de su tacto. Cuando sus dedos llegaron a la parte interna del muslo, rozando la orilla caliente de la tela diminuta, Eli soltó un suspiro. Largo. Húmedo. Felipe, embraguetado, siguió. Su mano subió, milímetro a milímetro, por ese camino peligroso, hasta rozar apenas, sin tocar, el elástico de la tanga en la entrepierna, deslizándose luego hacia atrás, hacia la curva donde nacía la nalga.</p>



<p class="textojustificado">Eli, al sentir esa mano tan cerca del paraíso, tuvo que morderse la lengua para no gemir. El calor la inundaba,el pulso le martillaba en las sienes&#8230; ¡Y EN ESE MOMENTO! ¡PUM! ¡La chingada! Se oyó el portón de servicio, las voces de la cocinera y la señora de la limpieza llegando del mandado. ¡Justo cuando el Felipe estaba a punto de cometer un acto digno de película! Los dos saltaron como si les hubieran echado agua fría. Eli se recostó de golpe, fingiendo profunda concentración en su bronceado. Felipe, rojo como jitomate, agarró la podadora como si fuera un escudo y se lanzó al pasto como si su vida dependiera de cortar cada brizna de zacate en ese instante. El aire, que antes hervía de deseo, de repente olía a oportunidad perdida y a pinche mala suerte chilanga. Neta, qué mala onda.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Madrugada Chilanga</h2>



<p class="textojustificado">El DF olía a madrugada agria—ese aire que ya no es fresco pero tampoco pesado, como si la ciudad estuviera conteniendo el respiro. Eli estacionó su Tsuru tuneado frente a la casa de las Lomas. No era el alcohol de la fiesta fresa en La Condesa lo que la hacía tambalearse, sino los nervios del plan. Tres semanas enteras mirando a Felipe cortar el pasto como si nada hubiera pasado, mientras ella hervía en silencio. Hoy no, compa. Hoy se acababa el teatro.</p>



<p class="textojustificado">Felipe, siempre madrugador, estaba en el cuartito de herramientas—un cubo de concreto pegado al garaje, oliendo a gasolina, tierra mojada y esfuerzo viejo. Afilaba las cuchillas de la podadora con cara de concentración, cuando el chirrido del portón eléctrico lo sacó de su trance. ¿Quién chingados a estas horas? Se asomó por la rendija&#8230; y ahí estaba ella: vestido plateado corto como herida, tacones de aguja colgando de sus dedos, el humo del antro pegado en la piel.</p>



<p class="textojustificado">—¿Señorita Eli? ¿Todo bien?—preguntó, confundido, limpiándose las manos en el pantalón de mezclilla.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Ella no contestó. Empujó la puerta de golpe. El clic del cerrojo sonó como un balazo en la noche.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Ya no aguanto, Felipe—dijo, y su voz no tembló. Era un rugido, una confesión, una orden sin apellidos.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">El jardinero se quedó petrificado. En ese cuartito de tres por tres, las reglas del mundo se borraron. Ya no había señorita rica, ni empleado, ni papás con pasaporte diplomático. Solo dos cuerpos que llevaban semanas comiéndose con los ojos. Eli se acercó, y el vestido plateado resbaló al suelo como cáscara de mango. Abajo solo traía un hilo rojo—el mismo bikini de la piscina.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—¿Te acuerdas de lo que no terminamos?—susurró, pegando su cuerpo al de él. Felipe sintió el calor de su piel a través de la playera mugrosa de trabajo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">El vato, que jamás en su vida se había sentido dios, dejó caer la podadora. ¡Clank! Las herramientas retumbaron en el suelo. Ya no hubo timidez, ni preguntas, ni «¿así está bien?». Fue un choque de bocas, dientes y lenguas, como dos perros sacando sed acumulada. Eli le arrancó la playera—¡rasg!—y sus uñas recién pintadas le dibujaron rayitas rojas en la espalda morena.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Felipe la alzó como si fuera costal de tierra. La sentó sobre la mesa de trabajo—un tablón lleno de llaves stillson, desarmadores y un bote de aceite abierto. El metal frío le puso piel de gallina a Eli.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Aquí&#8230; entre tus cosas—jadeó ella, abriendo las piernas como llave inglesa.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Él enterró la cara en su cuello, mordiendo esa piel que olía a vodka y ganas. Sus manos, callosas y aceitosas, le arrancaron el bikini. ¡Pop! El hilo rojo voló hacia un rincón, cerca de una pala olvidada.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Lo que vino fue rápido, rudo y sin disculpas:</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Felipe se metió entre sus muslos como camión en bache.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Eli gritó—no de dolor, sino de alivio animal—cuando él entró de un empujón seco.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; La mesa crujió; las herramientas saltaron como fichas de dominó. Un martillo cayó reclamando atención. ¡Clank!&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Él la movía contra el borde de la mesa, agarrándola de las nalgas con fuerza de podadora. Ella le clavaba los talones en la espalda baja, marcándole medias lunas con los tacones que aún no se quitaba.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Los gemidos eran bestia, ahogados por el sudor y el olor a grasa de motor. Nada de caricias lentas: era puro golpear, puro sacar lo guardado.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">&#8211; Eli, que jamás había sentido algo así, rasguñó la pared de concreto. Las yemas le sangraron un poco. El dolor solo le subió el calor.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—¡Sí, cabrón! ¡Así!&#8230; —rugió, mordiéndole el hombro hasta dejar huella.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Felipe, el jardinero callado, se transformó. La tomó de la cintura, la volteó boca abajo sobre la mesa (una llave inglesa le clavó el costado, pero ni lo sintió). Le levantó las nalgas—redondas, sudorosas, marcadas por sus dedos—y la penetró por detrás. Más profundo. Más dueño. Eli aplastó la cara contra el tablón, gimiendo en el sabor a metal y polvo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">El final llegó como aguacero en sequía: rudo, repentino y mojado. Felipe la soltó con un gruñido que parecía salido de un tinaco vacío. Eli tembló toda, las piernas hechas gelatina. Se deslizó de la mesa, resbalando en aceite y propio líquido. Cayó de rodillas frente a él.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Silencio. Solo respiraciones rotas y el tic-tac de un reloj viejo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Felipe ajustó el pantalón. Eli juntó su ropa del suelo—el vestido plateado ahora manchado de grasa negra. No hubo beso, ni promesa, ni «esto no vuelve a pasar».&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Los Ruiz llegan a las 7&#8230; El pasto del frente necesita recorte—dijo él, evitando su mirada, encendiendo un cigarro de cajetilla económica.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Eli asintió. Se vistió a prisa. Antes de abrir la puerta, pausó. Su pelo revuelto, el rastro de labial corrido por la barbilla.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Si vuelvo a arder&#8230; ¿sabes dónde encontrarme, verdad?—no era pregunta.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Felipe miró al cielo, sonriendo por primera vez—cínico, cansado, dueño de un secreto.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">—Sí, señorita.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Ella desapareció en la madrugada gris. Felipe recogió el hilo rojo del rincón. Lo guardó en el bolsillo del pecho, junto a su cajetilla. Afuera, los pájaros empezaban a chillar. El DF despertaba. La hierba seguía creciendo. Las herramientas amanecieron manchadas. Y nada, absolutamente nada, volvería a ser igual.</p>
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		<title>Madre Soltera en Llamas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Diamond]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Feb 2025 19:39:19 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Llevaba puesta una tanga diminuta, el con sus dedos buscó su clitoris, ella gimió al sentir su mano jugar con su vagina. El desabrochó su pantalón y saco su herramienta</p>
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						<ol class="uagb-toc__list"><li class="uagb-toc__list"><a href="#madre-soltera-en-llamas" class="uagb-toc-link__trigger">Madre soltera en Llamas</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#recorriendo-sus-cuerpos" class="uagb-toc-link__trigger">Recorriendo sus cuerpos</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#susurros-de-pasión" class="uagb-toc-link__trigger">susurros de pasión</a></ol>					</div>
									</div>
				</div>
			


<p class="textojustificado">En el corazón de la ciudad, en un gimnasio repleto de niños y adolescentes, una madre soltera en llamas acompañaba a su hijo como cada sábado en la mañana. Ella era una mujer de 35 años, morena, de ojos cafés y curvas tentadoras. Su cabello siempre estaba recogido en un moño, y su rostro reflejaba la dureza de los últimos años criando a su hijo sola. Sin embargo, a pesar de su apariencia fuerte, se sentía sola y vacía en el interior. Su vida amorosa había quedado en el olvido desde que su ex-pareja la dejó, y ahora solo se dedicaba a su hijo y a su trabajo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Madre soltera en Llamas</h2>



<p class="textojustificado">Un sábado, mientras observaba a su hijo practicar baloncesto, su mirada se posó en el instructor del equipo. Él era un hombre joven, de unos veintitantos años, moreno, con ojos verdes que brillaban con una luz especial. Su cuerpo atlético y musculoso se movía con gracia y soltura en la cancha, mientras enseñaba a los niños a lanzar y a defender. A medida que lo observaba, sintió un cosquilleo en el estómago y una oleada de calor recorrió su cuerpo. Su corazón comenzó a latir más rápido y sintió una sensación de excitación que no había experimentado en mucho tiempo.</p>



<p class="textojustificado">Su mirada no se despegaba del instructor, fascinada por su fuerza y agilidad. Su mente comenzó a divagar, imaginando tocar su piel trasbocada de sudor y verde olivo. Fantaseaba con la idea de que él la viera, deseara y sedujera, llevándola a un rincón apartado del gimnasio.</p>



<p class="textojustificado">Entre los dos surgió una conexión magnética, casi imperceptible para los demás. Él se percató de su presencia y sus miradas se encontraron. Un escalofrío recorrió su espalda mientras él le dedicaba una sonrisa encantadora. Ella sintió que se le aceleraba el pulso, que su boca se secaba y que un sudor frío le recorría la frente. Su cuerpo entero se erizaba de anticipación.</p>



<p class="textojustificado">El resto del mundo desapareció a su alrededor, y solo quedaron ellos dos. Él se acercó, lentamente, con pasos firmes y seguros. Ella se quedó allí, inmóvil, sintiendo como sus piernas flaqueaban. Él la tomó de la mano y la condujo a un lugar más privado, dejando atrás el ruido y la actividad del gimnasio.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">Recorriendo sus cuerpos</h2>



<p class="textojustificado">Sus labios se juntaron en un beso ardiente y apasionado, lleno de deseo y lujuria contenidos. Sus lenguas se enredaron en una de manera sensual y seductora, mientras sus manos recorrían sus cuerpos. Él desabrochó su blusa, exponiendo sus senos firmes y erguidos. Ella gimió de placer cuando sus dedos juguetones acariciaron sus pezones duros y erectos.</p>



<p class="textojustificado">Él la empujó contra la pared, levantando una de sus piernas para tener un mejor acceso. La falda que ella llevaba le permitió total libertad, llevaba puesta una tanga diminuta, el con sus dedos buscó su clítoris, ella gimió al sentir su mano jugar con su vagina. El desabrochó su pantalón y saco su herramienta, ella sin dudarlo la tomó y lo dirigió dentro suyo, al sentir el placer de la penetración rodeó su cintura con las piernas, jadeando y gimiendo mientras él la penetraba con fuerza y profundidad. Sus cuerpos se movían en un ritmo frenético y salvaje, cada embestida más intensa y apasionada que la anterior. Sus respiraciones se mezclaban con el sonido de sus cuerpos chocando, creando una sinfonía de placer y éxtasis.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">susurros de pasión</h2>



<p class="textojustificado">Él susurró palabras sucias y seductoras en su oído, alimentando el fuego de su deseo y lujuria. Ella respondió con gemidos y susurros, rogando por más y prometiendo darle todo lo que él quisiera.</p>



<p class="textojustificado">Después de un tiempo, él la llevó al suelo, nunca interrumpiendo su ritmo. Ella se recostó en el frío piso, sintiendo como su cuerpo temblaba de placer. Él se inclinó sobre ella, besándola y acariciándola mientras continuaba penetrándola y moviéndose al unísono.</p>



<p class="textojustificado">Finalmente, alcanzaron el clímax juntos, gritando de placer y saciando su deseo carnal. Sus cuerpos se relajaron y su respiración se normalizó, dejando atrás el intenso encuentro sexual.</p>



<p class="textojustificado">Ella lo miró, sintiendo una conexión profunda y emocional con él. Él le sonrió. Se arreglaron la ropa y salieron, ambos estaban felices y seguros de volver a repetirlo cada sábado de entrenamiento.</p>



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		<title>Dos Extraños Deseándose</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Diamond]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 25 Jan 2025 01:13:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Historias de Amantes]]></category>
		<category><![CDATA[Lenguaje Sutil]]></category>
		<category><![CDATA[Relatos Porno]]></category>
		<category><![CDATA[Sexo Casual]]></category>
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		<category><![CDATA[relatos porno]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La penetró lenta y profundamente, cada centímetro de su ser parecía encenderse de placer. Él la miraba fijamente, absorbiendo cada detalle de su rostro mientras ella se dejaba llevar por el éxtasis.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="textojustificado">En el corazón de la ciudad, hay un bar con una luz débil, lleno del suave zumbido de las conversaciones y el tintineo de los vasos. Aquí es donde comienza nuestra historia, con dos extraños deseándose y obligados a cruzar caminos y cambiar la vida del otro para siempre.</p>



<p class="textojustificado">A un lado de la barra, hay un joven estudiante universitario, su mente llena de ideas y teorías, su espíritu rebosante de energía de la juventud. Es inteligente, encantador y tiene un entusiasmo contagioso por la vida. Está en un punto de su vida en el que está explorando el mundo, aprendiendo cosas nuevas y experimentando la vida al máximo.</p>



<div class="wp-block-uagb-image uagb-block-06f26ef7 wp-block-uagb-image--layout-default wp-block-uagb-image--effect-static wp-block-uagb-image--align-none"><figure class="wp-block-uagb-image__figure"><img decoding="async" srcset="https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2025/01/mujer-vestido-Rojo-1024x682.jpeg ,https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2025/01/mujer-vestido-Rojo.jpeg 780w, https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2025/01/mujer-vestido-Rojo.jpeg 360w" sizes="auto, (max-width: 480px) 150px" src="https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2025/01/mujer-vestido-Rojo-1024x682.jpeg" alt="Dos extraños deseándose" class="uag-image-2471" width="1024" height="682" title="mujer vestido Rojo" loading="lazy" role="img"/></figure></div>


				<div class="wp-block-uagb-table-of-contents uagb-toc__align-left uagb-toc__columns-1  uagb-block-741d9404      "
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							Tabla de contenidos						</div>
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						<ol class="uagb-toc__list"><li class="uagb-toc__list"><a href="#de-la-atracción-al-deseo" class="uagb-toc-link__trigger">De la Atracción al Deseo</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#el-ritmo-de-la-pasión" class="uagb-toc-link__trigger">El ritmo de la Pasión</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#dos-extraños-deseándose" class="uagb-toc-link__trigger">Dos Extraños Deseándose</a></ol>					</div>
									</div>
				</div>
			


<p class="textojustificado">Al otro lado de la barra, hay una mujer, madura y elegante, que recientemente ha pasado por un evento que le cambió la vida: un divorcio. Es una mujer fuerte e independiente que ha pasado por los altibajos de la vida. Está en un punto en el que se está redescubriendo a sí misma, sus deseos y sus pasiones.</p>



<p class="textojustificado">Sus mundos chocan en un torbellino de destino y casualidad. El joven estudiante, atraído por su elegancia y equilibrio, se acerca a ella con una cálida sonrisa. Ella, a su vez, se siente atraída por su energía juvenil y entusiasmo por la vida. Se encuentran perdidos en conversaciones profundas, compartiendo historias, risas y sueños.</p>



<h3 class="wp-block-heading">De la Atracción al Deseo</h3>



<p class="textojustificado">A medida que avanza la noche, el bar se transforma en una pista de baile, y se encuentran balanceándose al ritmo de la música. El mundo que los rodea se desvanece, y todo lo que queda es la conexión entre ellos. Ella siente una sensación de liberación, un renacimiento de emociones que no había sentido en mucho tiempo. Él, por otro lado, siente una sensación de fascinación, una conexión que es a la vez intensa y profunda.</p>



<p class="textojustificado">El ritmo de la música llenaba el lugar, penetrando cada rincón con su energía vibrante. Ellos hasta ese instante desconocidos, se encontraban cada vez más cerca, la tensión entre ellos era casi tangible. Se movían al compás, como una danza antigua y primitiva.</p>



<p class="textojustificado">La mujer con el vestido rojo, sus ojos entornados por el deseo, no podía apartar la mirada del joven de la mirada penetrante. Sus movimientos eran fluidos, seguros, y ella no pudo resistirse a su encanto. Mientras bailaban, sus cuerpos se rozaban, enviando escalofríos por sus espinas. Era como si una corriente eléctrica pasara entre ellos, encendiendo una chispa que amenazaba con devorarlos a ambos.</p>



<p class="textojustificado">Las manos del joven se deslizaron hacia la cintura de ella, jalándola más cerca, permitiendo que sus cuerpos se fusionaran como dos piezas de un rompecabezas. Ella podía sentir el calor que irradiaba de él, la evidencia de su propio deseo presionando contra ella. Su corazón latía salvajemente, sus respiraciones se volvían entrecortadas a medida que se entregaba al momento.</p>



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<h3 class="wp-block-heading">El ritmo de la Pasión</h3>



<p class="textojustificado">Sus labios se unieron en un beso apasionado, sus lenguas explorando los rincones de la boca del otro con un hambre insaciable. El mundo a su alrededor desapareció, dejándolos a ellos solos, perdidos en su propio universo. Las manos de la mujer recorrían el pecho del joven, sintiendo los músculos tensarse bajo su camisa. Dejó escapar un gemido suave cuando él le besaba el cuello, sus manos acariciando sus senos.</p>



<p class="textojustificado">Sin dejar de ser succionado por el ritmo de la música, la mujer sintió cómo su excitación aumentaba, inundando cada fibra de su ser. Sus senos se endurecieron bajo la atenta mirada del hombre, y un calor húmedo se extendió por su interior. Cada roce de sus cuerpos, cada caricia y cada beso, encendían aún más la pasión entre ellos.</p>



<p class="textojustificado">Su respiración se entrecortaba, y un débil gemido se escapó de sus labios cuando el joven acarició suavemente la curva de su cadera. Su piel se erizó, y el deseo comenzó a apoderarse de ella, transformando cada pensamiento en un anhelo de unión. Su corazón latía alborotado, como un pájaro intentando escapar de su jaula.</p>



<p class="textojustificado">Ella podía sentir el deseo ardiendo en el interior del joven, como una llamarada que amenazaba con consumirlos a ambos. Su cuerpo entero se estremeció cuando él susurró palabras sucias al oído, alimentando aún más el fuego que ardía entre ellos.</p>



<p class="textojustificado">Sus manos comenzaron a deslizarse por debajo de la camisa del hombre, ansiosa por sentir su piel desnuda sobre la suya. La textura áspera de su pecho contra la suavidad de la suya creó una combinación electrizante que hizo que su respiración se entrecortara aún más.</p>



<p class="textojustificado">El deseo era ahora una fuerza irresistible que los impulsaba el uno al otro. La mujer ya no podía resistirse, y se entregó a la ola de placer que se avecinaba, permitiendo que el hombre la llevara a un mundo de sensaciones abrumadoras y deliciosas.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Dos Extraños Deseándose</h3>



<p class="textojustificado">El joven tomó la mano de la mujer y la guió hacia la salida, donde lo esperaba su coche. Ella lo siguió sin pensarlo dos veces, subiendo al asiento de atrás con él. La mujer se dejó caer sobre el cuero frío, sintiendo la adrenalina correr por sus venas. Él se acercó a ella, sus ojos ardiendo de deseo.</p>



<p class="textojustificado">El cuerpo de la mujer estaba en llamas, y cada centímetro de piel parecía sensible al más mínimo toque. Sus pechos se movían con la respiración agitada, los pezones erectos bajo la tela del vestido. Sus caderas estaban delineadas por la luz de la luna, y el joven no pudo resistir la tentación de acariciarlas suavemente.</p>



<p class="textojustificado">Luego de acariciar sus caderas, ella lo abrazo por el cuello llevando a sus pechos ardientes, el los beso apasionado. Mientras sus manos recorrían la cadera y bajaban Por el muslo, buscando subir el vestido a una posición donde no estorbara.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Ella gimió cuando sus dedos encontraron el borde de su ropa interior, deslizándola con lentitud por sus muslos. Su piel era suave y cálida, y el joven se sintió cautivado por su belleza. La mujer abrió las piernas, invitándolo a adentrarse en ella.</p>



<p class="textojustificado">La penetró lenta y profundamente, cada centímetro de su ser parecía encenderse de placer. Él la miraba fijamente, absorbiendo cada detalle de su rostro mientras ella se dejaba llevar por el éxtasis. Sus caderas se movían en un pacto indisoluble, sin dar un centímetro de distancia entre ellos, creando así un ritmo hipnótico que los hacía perder por completo la razón.</p>



<p class="textojustificado">La mujer gritó de placer cuando el orgasmo la invadió, sus músculos se contraían alrededor de él, arrancándole un gemido gutural. Él continuó moviéndose dentro de ella, prolongando el placer hasta que finalmente se derrumbaron juntos, exhaustos y satisfechos.</p>



<div class="wp-block-uagb-call-to-action uagb-block-849fc6f6 wp-block-button"><div class="uagb-cta__wrap"><h4 class="uagb-cta__title">Te Gusta lo que Lees</h4><p class="uagb-cta__desc">Revisa nuestra historia de jovenes amantes, en el cuento «Perder la Virginidad»</p></div><div class="uagb-cta__buttons"><a href="https://confesionesymas.com/perder-la-virginidad/" class="uagb-cta__button-link-wrapper wp-block-button__link" target="_self" rel="noopener noreferrer">Ir<svg xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" viewBox="0 0 512 512"><path d="M504.3 273.6l-112.1 104c-6.992 6.484-17.18 8.218-25.94 4.406c-8.758-3.812-14.42-12.45-14.42-21.1L351.9 288H32C14.33 288 .0002 273.7 .0002 255.1S14.33 224 32 224h319.9l0-72c0-9.547 5.66-18.19 14.42-22c8.754-3.809 18.95-2.075 25.94 4.41l112.1 104C514.6 247.9 514.6 264.1 504.3 273.6z"></path></svg></a></div></div>



<p class="textojustificado">el cuerpo de la mujer seguía sintiendo las aftershocks del orgasmo, y su respiración se normalizaba gradualmente. El joven se acercó a ella y la abrazó suavemente, sus cuerpos aún entrelazados en el asiento de cuero. La mujer pudo sentir el ritmo de su corazón, sincronizado con el suyo, y una sensación de paz y satisfacción inundó su cuerpo.</p>



<p class="textojustificado">El joven comenzó a acariciar su cabello, sus dedos recorriendo suavemente las ondas de su melena. La mujer cerró los ojos, disfrutando del tacto suave y reconfortante de su piel contra la suya. La conexión entre ellos era palpable, y la mujer se sintió más cerca de alguien que en mucho tiempo.</p>



<p class="textojustificado">Después de unos minutos, el joven se apartó lentamente de ella, y la mujer sintió un leve cosquilleo en su piel donde su cuerpo había estado en contacto con el suyo. Se arregló la ropa y abrió la puerta del coche, saliendo al aire fresco de la noche. El joven la siguió.</p>



<p class="textojustificado">Luego de un rato de charla el joven la llevó a su departamento. Al bajar, juntos caminaron hacia la entrada de su edificio de apartamentos.</p>



<p class="textojustificado">La mujer se giró hacia él antes de despedirse, y sus labios se encontraron en un beso lento y apasionado. La conexión entre ellos seguía siendo fuerte, y la mujer sabía que este no sería el último encuentro entre ellos. y que volverían a ser dos extraños deseándose. Después de despedirse, la mujer subió las escaleras hacia su apartamento, sintiendo una sonrisa en su rostro y una sensación de satisfacción en su cuerpo.</p>



<p class="textojustificado">La noche había sido una experiencia inolvidable, y la mujer se sintió agradecida por haber tomado el riesgo de seguir sus instintos. A medida que se acostaba en su cama, cerrando los ojos y dejando que el sueño la invadiera, sabía que aún estaba viva y podía sentir los placeres que por tanto tiempo postergo.</p>



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		<title>Perder la Virginidad</title>
		<link>https://confesionesymas.com/blog/2025/01/06/perder-la-virginidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Diamond]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 06 Jan 2025 05:30:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amigos con Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Historias de Amantes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>No estaría dispuesta a salir de ahí sin sentir esa verga erecta y llena de venas que David tenía.</p>
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<p class="textojustificado">Era una tarde luminosa de primavera en el D. F; y el aroma del atardecer impregnaba el aire. Ana, una joven de veinte años con un espíritu libre y una sonrisa que derretía corazones, decidió dar un paseo por el parque. Su corazón latía con fuerza; era un día especial, lo sentía, lo había pensado durante meses, su cuerpo lo pedía desde hace mucho tiempo, sin embargo no sabía que esa tarde iba a perder la virginidad.</p>


				<div class="wp-block-uagb-table-of-contents uagb-toc__align-left uagb-toc__columns-1  uagb-block-0360dd2e      "
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							Tabla de contenidos						</div>
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						<ol class="uagb-toc__list"><li class="uagb-toc__list"><a href="#el-encuentro" class="uagb-toc-link__trigger">El encuentro</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#con-ganas-de-perder-la-virginidad" class="uagb-toc-link__trigger">Con ganas de perder la Virginidad</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#la-posición-de-azote" class="uagb-toc-link__trigger">La posición de Azote</a></ol>					</div>
									</div>
				</div>
			


<p class="textojustificado">El sol brillaba intensamente mientras caminaba hacia la cita que había planeado con David, un chico que había cautivado su atención desde el primer momento en que se cruzaron en la universidad. Tenía ojos oscuros y profundos como la noche y una forma de hablar que sabía hacerla reír incluso en los momentos más tensos.</p>



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<figure class="wp-block-image aligncenter size-medium wp-duotone-midnight"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="300" height="200" src="https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2024/08/new-years-day-4000x6000-1-300x200.jpg" alt="momento de perder la virginiad" class="wp-image-2255" srcset="https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2024/08/new-years-day-4000x6000-1-300x200.jpg 300w, https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2024/08/new-years-day-4000x6000-1-1024x683.jpg 1024w, https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2024/08/new-years-day-4000x6000-1-768x512.jpg 768w, https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2024/08/new-years-day-4000x6000-1-1536x1024.jpg 1536w, https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2024/08/new-years-day-4000x6000-1-2048x1365.jpg 2048w, https://confesionesymas.com/wp-content/uploads/2024/08/new-years-day-4000x6000-1-20x13.jpg 20w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></figure>



<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-40c770f2"><h3 class="uagb-heading-text">El encuentro</h3></div>



<p class="textojustificado">La ansiedad burbujeaba en su estómago mientras llegaba al punto de encuentro, un pequeño café escondido entre árboles frondosos. Allí estaba él, esperando con una bebida en la mano y una expresión traviesa en su rostro.</p>



<p class="textojustificado">“Hola”, dijo David al verla, sus ojos iluminándose con cada paso que daba hacia él. La conexión entre ellos fue instantánea; risas ligeras llenaron el aire mientras intercambiaban historias sobre sus sueños y temores más profundos.</p>



<p class="textojustificado">A medida que avanzaba la tarde y las horas se deslizaban suavemente, ambos sabían hacia dónde se dirigían. La química era innegable. David finalmente tomó su mano y le sonrió: “Quiero mostrarte algo”. La llevó a un mirador sobre una colina que ofrecía vistas impresionantes de la ciudad bañada por el atardecer.</p>



<p class="textojustificado">El paisaje era hermoso; sin embargo, lo único que Ana podía ver eran los ojos de David mientras él se acercaba lentamente. Su corazón rugió como un tambor fuerte cuando sus labios se encontraron por primera vez; fue un roce tierno pero cargado de electricidad.</p>



<p class="textojustificado">El momento fue perfecto; se desprendieron del mundo exterior y todo lo demás desapareció. Se dejaron llevar por la pasión del momento mientras se abrazaban, explorando sus cuerpos como si fueran mapas sin descubrir. David vivía a unas cuadras del lugar,&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">¿Quieres ir a mi casa?- le dijo David</p>



<p class="textojustificado">No quiero otra cosa en este momento- respondió Ana.&nbsp;</p>



<div class="wp-block-uagb-call-to-action uagb-block-4c748a21 wp-block-button"><div class="uagb-cta__wrap"><h5 class="uagb-cta__title">¿Te gusta lo que lees?</h5><p class="uagb-cta__desc">Mira él cuento erótico Empezando a golfear </p></div><div class="uagb-cta__buttons"><a href="https://confesionesymas.com/empezando-a-golfear/" class="uagb-cta__button-link-wrapper wp-block-button__link" target="_self" rel="noopener noreferrer">Ir</a></div></div>



<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-88a52171"><h3 class="uagb-heading-text">Con ganas de perder la Virginidad</h3></div>



<p class="textojustificado">Una vez en la casa, Ana dio rienda suelta a sus deseos, no estaría dispuesta a salir de ahí sin sentir esa verga erecta y llena de venas que David tenía. Sin mediar palabra alguna, bajo la cremallera del pantalón de David, saco la verga y comenzó a chuparla, era tan grande que no cabía en su boca. David acariciaba su cabello mientras ella intentaba tragarla toda. David tomó su cabeza y la acercó más hacia el para que la verga llegara mucho más adentro. Al sentir el jalón y la verga en la garganta, Ana se sintió más excitada y sus fluidos vaginales chorrearon por su clitoris mojando sus labios y sus bragas.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Ana, nunca había visto una verga, mucho menos la había chupado y ahora lo único que quería, era&nbsp;&nbsp;perder la virginidad y sentirla dentro de esa cosita humedecida que tenía entre sus piernas.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Se levantó dispuesta a sentir por primera vez la sensación de un hombre dentro de ella.</p>



<p class="textojustificado">Ana llevaba falda larga color crema, la levantó por la parte de adelante precisamente para dejar al descubierto su concha aún virgen. Que en ese momento estaba solo cubierta por sus bragas ya húmedas de tanta excitación.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">David la observaba impávido. Ana comenzó a bajarse las bragas mientras el miraba.</p>



<p class="textojustificado">Ana no quería otra cosa que tragarse toda esa verga con su concha.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">David la tomó por la cintura y la levantó con fuerza para penetrarle. No fue difícil pues Ana estaba muy mojada y la verga entró casi al instante. Ana gimió, tanto de dolor como de placer. Si bien al principio sintió un poco de ardor, su calentura era mayor y pronto no sintió más que placer.</p>



<p class="textojustificado">David pronto se sintió cansado y de un salto la volvió al piso y la puso de espaldas a el.</p>



<div class="wp-block-uagb-advanced-heading uagb-block-5a7d407c"><h3 class="uagb-heading-text">La posición de Azote</h3></div>



<p class="textojustificado">La falda, a esas alturas, salía sobrando. Así que David la sacó de un tirón, dejando sus hermosas nalgas desnudas.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Ana, se quedó inmóvil, en un acto de sumisión, o quizá de inexperiencia, sin embargo pedía en su mente que la volviese a penetrar.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">David, con su mano derecha la tomó por la cadera, mientras con su mano izquierda le tomó el cuello por la parte posterior inclinándola hacía adelante. Con su cadera empujando hacia adelante, su verga se deslizó entre sus nalgas.</p>



<p class="textojustificado">Casi al instante, Ana, en un acto casi de reflejo. deslizó su mano por entre sus piernas, tomó la verga de David y la introdujo en su concha ya ansiosa de gozar.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">David la penetró con fuerza, haciendo un gran ruido al chocar sus caderas.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Ana no quería gemir tanto. Por el pudor de demostrar que realmente disfrutaba el coito. Mientras pensaba en eso, sintió que David la penetraba más intensamente y sus gemidos eran más intensos. Ya no había vuelta, David estaba a punto de acabar.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">El la tomó del cabello y la folló fuerte por un instante hasta que, Ana sintió que el movimiento ya no era tan intenso, para luego detenerse.</p>



<p class="textojustificado">Con una mezcla de sensaciones por no haber llegado al climax, Ana se da vuelta y abraza a David. A pesar que no acabó, aún así, había disfrutado del momento. No pensaba perder la virginidad justo esa tarde, aunque lo deseaba. Quería que fuese David, y sabía que recordaría ese momento para toda la vida.&nbsp;</p>



<p class="textojustificado">Al caer la noche, después del fuego ardiente de sus cuerpos entrelazados, Ana sintió una mezcla de vulnerabilidad y empoderamiento jamás experimentada antes. Había perdido mucho más que la virginidad; había encontrado parte de sí misma en esa entrega total al amor juvenil.</p>



<p class="textojustificado">Cuando regresó a casa bajo el manto estrellado del cielo nocturno, llevaba consigo no solo recuerdos sensuales sino también una nueva comprensión sobre sí misma: a veces hay que perderse para poder encontrarse verdaderamente.</p>
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		<title>Durmiendo con la Novia de mi Amigo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Diamond]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 25 Dec 2024 17:38:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amigos con Derecho]]></category>
		<category><![CDATA[Historias de Amantes]]></category>
		<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[Lenguaje Sutil]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Metí mis manos por su espalda y desabroché su brasier, bajé y comencé a besar su abdomen</p>
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										<content:encoded><![CDATA[				<div class="wp-block-uagb-table-of-contents uagb-toc__align-left uagb-toc__columns-1  uagb-block-b9a25379      "
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							Contenido						</div>
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						<ol class="uagb-toc__list"><li class="uagb-toc__list"><a href="#el-invierno-y-el-destino" class="uagb-toc-link__trigger">El invierno y el destino</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#risas-y-sorpresas" class="uagb-toc-link__trigger">Risas y sorpresas</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#durmiendo-con-la-novia-de-mi-amigo" class="uagb-toc-link__trigger">Durmiendo con la novia de mi amigo</a></ol>					</div>
									</div>
				</div>
			


<h3 class="wp-block-heading">El invierno y el destino </h3>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Era invierno, uno de los más fríos que recuerde, las lluvias constantes mantenían la tierra húmeda, las mañanas eran muy gélidas y siempre amanecía con una densa nebulosa que no permitían ver nada. Ese invierno nunca imaginé que terminaría durmiendo con la novia de mi amigo. Debido a unos arreglos en mi piso tuve que dejarlo por unos días, fue sin previo aviso y, no pude reservar nada para hospedarme durante los arreglos. Tenía unos 25 años. Me alojé una noche en el departamento de mi mejor amigo, para la otra noche, como era sábado tenía presupuestado juntarme con unos amigos y amigas, y quedarme en casa de los anfitriones hasta que amaneciera, para luego tomar desayuno con mi madre. Pero el destino quería otra cosa para mí. Para mi suerte, a esa junta de amigos llego Laura y Juan, conocidos míos del barrio.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Eran novios y llevaban ya tiempo juntos. Cabe señalar que con Laura nos teníamos muchas ganas desde hace mucho tiempo, pero por distintas razones nunca pasó nada.Entre lo ameno del ambiente les conté mi pesar a todos, de no tener donde dormir por unos días, y mis planes para esa noche, fue ahí donde supe lo que pasaría. Laura se acercó y preguntó -¿por qué no me contaste? Quédate en mi casa cuanto tiempo quieras.</p>



<div class="wp-block-uagb-call-to-action uagb-block-36e34851 wp-block-button"><div class="uagb-cta__wrap"><h5 class="uagb-cta__title">Revisa nuestro blog</h5><p class="uagb-cta__desc">Revisa todas nuestras historias en nuestro blog.</p></div><div class="uagb-cta__buttons"><a href="https://confesionesymas.com/relatos-porno-y-eroticos-cortos/" class="uagb-cta__button-link-wrapper wp-block-button__link" target="_self" rel="noopener noreferrer">Ir<svg xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" viewBox="0 0 512 512"><path d="M504.3 273.6l-112.1 104c-6.992 6.484-17.18 8.218-25.94 4.406c-8.758-3.812-14.42-12.45-14.42-21.1L351.9 288H32C14.33 288 .0002 273.7 .0002 255.1S14.33 224 32 224h319.9l0-72c0-9.547 5.66-18.19 14.42-22c8.754-3.809 18.95-2.075 25.94 4.41l112.1 104C514.6 247.9 514.6 264.1 504.3 273.6z"></path></svg></a></div></div>



<h3 class="wp-block-heading">Risas y sorpresas </h3>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Cuando llego el momento de irnos, Juan estaba borracho, con Laura lo llevamos a casa de ella, entramos y me mostró mi cuarto, era acogedor, tenía una cama y un velador, estaba junto a su cuarto. Descorchamos una botella de buen vino chileno, que compramos en el camino a su casa, y nos sentamos a la mesa a beber y conversar, Juan terminó de emborracharse, tanto que tuvimos que llevarlo a su cama. Nosotros ya nos mirábamos muy intensamente, y al momento de quedar solos en la mesa, nos acercamos mientras reíamos y conversábamos. Ya quería desnudarle por completo, ella coqueteaba y jugaba con su cabello, yo la abrazaba y acariciaba su rostro, entre risas y copas de vino, la tomé por sorpresa y la besé, ella respondió ardiente, nos besamos apasionados, tomé su cabello y metí mi lengua en su boca, primero rozando sus labios y luego desenfrenado, casi penetrándola con mi entrometida lengua.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Nos detuvimos luego mirándonos atónitos, yo no sabía si seguir o no. Lo pensé por un segundo, (el novio dormía en la alcoba del fondo) pero me decidí, terminaría durmiendo con la novia de mi amigo. La tomé con fuerza por sus caderas y, la gire hacia mí. Ella, sin resistir alzó sus brazos por sobre mis hombros, acariciando mi cabello. Mi lengua, comenzó a recorrer su cuello mientras mis manos la tocaban entera. Primero su enorme culo, que dentro de los jeans que traía, me volvía loco, luego subía por su cadera hasta llegar a sus pechos, tibios y suaves.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Traía una polera con cuello ancho, que dejaba ver sus hombros. Metí mis manos por su espalda y desabroché su brasier, bajé y comencé a besar su abdomen, con mi lengua rodeaba su ombligo, luego subí para chupar sus pechos. Ella volvía a acariciar mi cabello. Mi pene estaba erecto y duro como un roble, la apretaba contra mí, con mis manos en su culo.</p>



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<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-13426445 alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<h3 class="wp-block-heading">Durmiendo con la novia de mi amigo </h3>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Luego, pongo mis manos en sus caderas, y la giro para ponerla contra la pared, ella apoya sus dos manos en la pared y mueve su culo para presionarlo contra mi pene. Yo la presiono con mi cadera para que sienta mi pene bien duro, mientras con mis manos bajo por su abdomen hasta llegar al broche de su pantalón, lo desabrocho, luego bajo el cierre. Puedo sentir su braga de encajes, la dibujo en mi mente, mientras, meto mi mano derecha entre su piel y tan exquisita braga. Al sentir mi mano en su clítoris se agitó. Seguí con mi mano más abajo, hasta colocar mi palma en su clítoris, y la apreté con fuerza contra mi pene, levantándola unos centímetros del piso. Sentí ese gemido tan rico como la humedad que sentí en la palma de mi mano. Comencé a jugar con su clítoris, mientras mi otra mano apretaba sus pechos, presionándolos desde el centro hacia afuera, mi lengua recorría su cuello y mis dientes mordían su oreja. Comencé a bajarle los pantalones, cuando entro en sí, tomó mis manos y me dijo “no”. No lo podía creer, que preámbulo tan rico no acabaría durmiendo con la novia de mi amigo.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Se fue a su alcoba, luego volvió y me trajo ropa para dormir “será mejor que te acuestes” me dijo. Yo, aún en trance, y con una erección intratable, me dispuse a acomodarme en aquel cuarto, cuando ella abre la puerta y se posa en el umbral, traía esas bragas deliciosas de encaje y un baby doll que hacia juego. La tomé de un brazo y la tiré hacia mí, bese su cuello y apreté sus nalgas suaves, la tiré sobre la cama y saque sus bragas, con mi mano derecha tome su vagina y metí dos de mis dedos. Estaba tan mojada, que no tuve que jugar con su clítoris para poder meterlos hasta el fondo. Busque su punto G y la masturbe. Ella se tocaba los pechos, la sentí excitada y le pedí que acabara con mis dedos “me falta poco» dijo, seguí acariciando su punto G, “ya me voy” oí. Metí mis dedos más adentro y mi otra mano la metí en su boca. </p>



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<p class="has-text-align-center textojustificado">Ella se vino retorciéndose de placer, y sin pausa, saco mi mano de su vagina, para poner mi pene ya a punto de estallar de erecto, con mis manos, tomo las suyas por sobre su cabeza y, la envisto una y otra vez, desenfrenado, siento como mi pene llega al fondo, chocando mi cadera con la suya, provocando un sonido en cada golpe, la envisto con fuerza, siento que voy a estallar dentro de ella, me salgo para no acabar, en una conexión enorme, ella, se levanta mientras yo me recuesto, levanta una pierna, y se monta como un jinete experto, sin mayor esfuerzo la vuelvo a penetrar, ella comenzó a mover su cadera, hacia adelante y luego hacia atrás, lento pero intenso. Cargaba su clítoris contra mi cadera de manera de sentir la penetración, y a la vez, el roce de su clítoris, yo jugaba con sus pechos, mirándolos atónito. </p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Se balanceaban al compás de su cabalgar. Ella cada vez presionaba más contra mí, yo le daba nalgadas mientras me montaba. Pero ya no podía más “me voy” le dije. Ella apresuro el movimiento, yo tomé sus manos y entrelazamos nuestros dedos. Para así darle más equilibrio y poder movernos más rápido. Seguimos el movimiento desenfrenado del placer, sin pudor, sin culpa, sin ataduras y sin miedo a sentirnos vivos. Cuando acabamos nuestras manos estaban casi estrangulándose, ella no se movió de su lugar y, a ratos sentía que apretaba mi pene con su vagina, mi pene aún seguía grande pero no erecto, suficiente para permanecer dentro, ella se recostó en mi pecho, mientras, yo acariciaba su cabello, al cabo de un instante me dice “somos unos calientes”, nos reímos, y acordamos no contar jamás esa aventura, tan osada, de como terminé durmiendo con la novia de mi amigo, con el durmiendo en el cuarto del lado.</p>



<p></p>
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		<title>La Oportunidad</title>
		<link>https://confesionesymas.com/blog/2020/08/23/la-oportunidad/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Diamond]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 23 Aug 2020 11:43:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amigos con Derecho]]></category>
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		<category><![CDATA[Relatos Porno]]></category>
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					<description><![CDATA[<p> Ella misma saco su sujetador. Dejándome ver en su esplendor sus pechos juveniles, grandes y blancos</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-text-align-center textojustificado">Siempre que veo a un niño en el supermercado me recuerdo de ella. Debe ser por que fue en ése lugar dónde se encendió la llama. Ya nos conocíamos desde hace tiempo pero siempre la mire con otros ojos. Ella era alta, 1,70 Mts. superior al promedio chileno, una cabellera rubia que pasaba sus hombros, sus ojos eran candentes tenía esa mirada que me erizaba los pelos y hacia hervir mi sangre. Lo que más me gustaba de ella eran sus pechos que parecían dos melones que ya quisiera besarles en plenitud, tener la oportunidad y sentirles en mi cara.</p>


				<div class="wp-block-uagb-table-of-contents uagb-toc__align-left uagb-toc__columns-1  uagb-block-ccd7ff72      "
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							Tabla de contenidos						</div>
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						<ol class="uagb-toc__list"><li class="uagb-toc__list"><a href="#la-oportunidad-llegó" class="uagb-toc-link__trigger">La Oportunidad Llegó</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#la-tensión-se-palpa-en-el-ambiente" class="uagb-toc-link__trigger">La Tensión se Palpa en el Ambiente</a><li class="uagb-toc__list"><a href="#mucho-por-descubrir" class="uagb-toc-link__trigger">Mucho por Descubrir</a></ol>					</div>
									</div>
				</div>
			


<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-43314198 alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Ella siempre usaba peto que los lucia muy bien, además mostraba su abdomen y un piercing en su ombligo, su otro atractivo físico eran sus piernas que siempre destacaban todas las minifaldas que tanto le gustaba usar. Yo también tenía altura promedio 1,70 mts; ojos negros, cabellera castaña, barba y bigote que me daban un estilo norteamericano, además de un cuerpo esbelto, abdomen plano y piernas fuertes de tanto practicar atletismo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La Oportunidad Llegó</h2>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Sí fue una tarde en el supermercado que nos encontramos de casualidad, era sábado y me disponía a comprar los bebestibles para una fiestilla con los amigos. Cuando en ese momento veo un niño extraviado, me acerco para ayudarlo y al mismo tiempo aparece ella a buscarlo y me agradece tan gentil acto de protección, charlamos un rato y me decido a invitarla a la fiesta, pero me dice que lo lamenta pero tiene que cuidar a su sobrino en casa, en cambio me propuso que si quería le podía hacer compañía en esa tan delicada tarea, como ya le tenía ganas y entendiendo su mensaje acepté entusiasmado.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Cuando llegamos a su casa destapamos unas cervezas y charlamos mirándonos insinuantes. De vez en tanto, al reírnos nos acercábamos y rozábamos nuestros brazos y poco a poco entre risas, más que unTos pocos roces y las cervezas el ambiente se estaba poniendo tenso de deseo, las miradas eran cada vez más penetrantes y la hora de que aquel sobrino pronto se durmiera era un anhelo más que esperado. Una vez llegado ese momento todo volvió al punto de partida producto del ajetreo normal de tremenda tarea. Pero yo no estaba dispuesto a dejar esa oportunidad.</p>



<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-ce502c07 alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<h2 class="wp-block-heading">La Tensión se Palpa en el Ambiente</h2>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Al cabo de un rato seguimos charlando y la tensión sexual volvió a sentirse, en cada brindis nos mirábamos y a cada carcajada nos acercábamos. El momento ya había llegado, en uno de esos acercamientos busco sus labios carnosos color carmín y los beso suavemente sintiendo mi corazón acelerar y a su cuerpo dejarme hacer de tan esperado beso. El beso duro unos cuantos segundos, seguidos de un silencio sin igual, mientras nuestras miradas llenas de fuego y pasión se entrelazaban provocando una melodía única de ternura y deseo a la vez. Ese momento fue interrumpido únicamente por un segundo beso más apasionado y llevándolo a toda la extensión de nuestros cuerpos, mis manos tomaron su cintura y su cabellera al mismo tiempo, mientras ella tomaba mi cabello y lo soltaba en un acto casi salvaje.</p>



<div class="wp-block-uagb-call-to-action uagb-block-7a8d17ed wp-block-button textojustificado"><div class="uagb-cta__wrap"><h5 class="uagb-cta__title">Deja tu comentario</h5><p class="uagb-cta__desc">Si te gusta lo que lees dejanos tu comentario. Te leemos.</p></div><div class="uagb-cta__buttons"><a href="#comentario-oportunidad" class="uagb-cta__button-link-wrapper wp-block-button__link" target="_self" rel="noopener noreferrer">Comentar<svg xmlns="https://www.w3.org/2000/svg" viewBox="0 0 512 512"><path d="M504.3 273.6l-112.1 104c-6.992 6.484-17.18 8.218-25.94 4.406c-8.758-3.812-14.42-12.45-14.42-21.1L351.9 288H32C14.33 288 .0002 273.7 .0002 255.1S14.33 224 32 224h319.9l0-72c0-9.547 5.66-18.19 14.42-22c8.754-3.809 18.95-2.075 25.94 4.41l112.1 104C514.6 247.9 514.6 264.1 504.3 273.6z"></path></svg></a></div></div>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Digo casi porque era mezclado con sutiles caricias en mi cuello. Estábamos sentados en el sofá y mis manos no dejaban de recorrer su espalda rasguñándola suavemente a ratos, lo cual era respondido con sus brazos apretándome contra su cuerpo. A esa altura ya escuchaba su respiración agitada, lo cual me ponía más salvaje, tomaba su pelo con mi mano y lo jalaba hacia atrás levantando su barbilla dejando descubierto su cuello para besarlo suavemente, fue ahí donde escuche su primer gemido, el cual desato mi locura, no había vuelta atrás estábamos sumergidos en un acto demencial y apasionado. Mis labios la besaban locamente mezclados con suaves roces de mi lengua sobre sus labios y luego mi lengua la atacaba ferozmente mientras mis labios la besaban sutilmente.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">La situación se ponía más ardiente y la ropa empezó a molestar. Tome su peto con ambas manos y lo levante, en un movimiento casi instantáneo ella alzo sus brazos permitiendo sacar esa prenda tan sensual, pero que para mis fines ya se tornaba un estorbo. Sin pensarlo dos veces e intuyendo mi desesperación por besar, saborear y engullir todas sus hermosas tetas y también con el propósito de no perder tiempo tratando de desabrocharlo, ella misma saco su sujetador. Dejándome ver en su esplendor sus pechos juveniles, grandes y blancos como la nieve. Sus pezones eran rosados muy ardientes que llamaban a la acción.</p>



<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-08a8e5ad alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<p class="has-text-align-center textojustificado">No tarde mucho en poner mis labios sobre ellos, no sin antes bajar por su cuello y rodeándolos con mi lengua antes de llegar a sus ya duros pezones. Los muerdo suavemente oigo un gemido de aprobación, sigo besándolos rodeándolos y acercándome a su axila, la cual levanta dejándome besarle por donde se me plazca.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Mucho por Descubrir</h2>



<p class="has-text-align-center textojustificado">A pesar de que me sentía muy a gusto con sus pechos había mucho más por descubrir en esa noche. Me siento en el sofá y la tomo por su cintura levantándola por sobre mi, ella coopera porque se me hace muy fácil tomarla y ponerla sobre mi verga que a esas alturas ya la tenía a reventar de erecta. A pesar que yo tenía el pantalón aún y ella su braga y su minifalda, me sintió y, con una voz muy coqueta y cachonda me dice al oído “la tienes dura”, a lo cual le respondo también al oído y, en voz baja “ todo eso te voy a poner” ella dejo caer un gemido mientras movía su cadera frotando su exquisita concha sobre mi verga, aún cautiva en mi pantalón. Al tenerla sobre mi, tenía acceso a casi todo su cuerpo que recorrí una y otra vez rasguñando su espalda y llenando su boca con mi lengua, humedeciendo sus costillas y pechos con mis labios.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">Ya no tenía control, eso la excitaba y con cada grosería que susurraba en su oído sus gemidos se hacían desesperados. Yo no daba más de excitado y mi verga estaba a punto de atravesar toda vestimenta para poder entrar en tan rica concha. Nuevamente, la tomo por la cintura, esta vez ya decidido a entrar en su cuerpo, la recuesto sobre el sofá y me pongo de pie frente a ella que me miraba toda cachonda. Veo sus piernas aún juntas pero semiflectadas y medio de costado, mostrándome que tremendo culo, su minifalda a la altura de la cadera ya había perdido toda utilidad. Me desabrocho el pantalón y lo bajo con todo y ropa interior. La veo, sus pechos candentes sus manos una sobre el respaldo del sofá y la otra en su boca saboreando lo que ya vendría.</p>



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<p class="has-text-align-center textojustificado">Ya completamente desnudo, nada más que retirar, todo lo que sobraba era la minifalda y su braga muy coqueta y sensual, la retiro despacio con ambas manos, ella colabora levantando la cadera dejándome ver su cuerpo en plenitud. Yo poniéndome como loco al ver su depilación completa, me acelero y me lanzo a besar su barriga, mientras ella se arqueaba de placer “que rico mijita la tiene peladita” le digo, “toda tuya” responde. Voy bajando lentamente con mis labios besando sus caderas y acercándome a su concha “que zorrita tan rica” insisto, “esta mojadita para ti” responde. </p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">La miro y paso la punta de mi lengua por sus labios mayores depilados y muy suaves, siento su aroma que me vuelve loco, su clítoris ya está asomado y mojado y, deseoso de sentir mi verga dentro. Lo beso, paso mi lengua de arriba abajo, la muevo en círculos y escucho gemidos de locura, la tomo por los muslos y la arrastro hasta la orilla del sofá con la cadera casi afuera. Ella gime desesperada, enloquezco y vuelvo a chupar tan exquisita concha mientras con mi lengua intrusa la penetro tanto como mi anatomía lo permite y ella me dice “cómeme la zorrita”, “te voy a culiar” respondo, “culeame “ me dice.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado"> Me pongo de pie, la tomo y la pongo de rodillas dándome la espalda. En ese ya desordenado sofá se inclina y levanta ese culo hermoso, con mi mano derecha le doy una nalgada con la izquierda tomo mi verga y acaricio sus nalgas.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado"> Al sentir mi pene cerca se inclinó aún más para dar entrada a lo que ya era una necesidad para ella. Lo pongo en el centro de sus nalgas, bajo hasta el clítoris tan mojado y suave que mi verga no tuvo ninguna fricción incómoda y entró como si ese fuera su lugar de vida, ambos gemimos. Con mis dos manos la aprieto contra mi, sin dejar de empujar hacia adelante a pesar de haber llegado a lo más adentro posible, sus gemidos ya no tenían control y eran desaforados. Sin dejar de penetrarla la tomo de sus pechos y la apego a mi cuerpo, sus brazos me abrazaron hacia atrás, no sé si en aprobación o por deseo de seguir en la penetración profunda que teníamos. </p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">En esa posición tenía acceso a todo su cuerpo, que recorría con mis manos, como si de eso dependiera mi vida. Lleve mis dedos a su boca la cual abrió para así lamérmelos desesperada, con mi otra mano bajaba por sus pechos deslizándola por su abdomen hasta su depilada concha, su húmedo clítoris mojaba mis dedos mientras los movía de forma circular, para luego llevarlos a su boca, la cual recibía ese húmedo regalo, como si fuera agua en el desierto. Mi cadera no dejaba de moverse y presionando la suya con mi mano contra mí, lograban sacar los gemidos mas exquisitos que jamás había oído. Su rico clítoris me apasionaba con su humedad, tanto que ya no retire más mi mano derecha de ahí. Cuando bajaba mi mano podía sentir mi pene entrando y saliendo, yo presionaba el clítoris contra mi pene, lo cual la hacía gritar de placer.</p>



<p class="has-text-align-center textojustificado">En ese instante, me dijo, que ya se venía “vamos mijita te voy a dejar llenita” le dije. No terminaba de decir la frase cuando sus gemidos más salvajes me hacían evidente su clímax, no solté su clítoris hasta que acabamos ambos, en un concierto de gemidos y gritos como si no existiera nada más en este mundo y nadie pudiera oírnos.</p>



<div class="wp-block-uagb-container uagb-block-78bb1ccb alignfull uagb-is-root-container"><div class="uagb-container-inner-blocks-wrap"></div></div>



<p class="has-text-align-center textojustificado"></p>



<p class="textojustificado">Poco a poco recobramos el aire y la fui soltando lentamente. Comencé a sentir mis piernas ya cansadas, en eso recuerda que su sobrino dormía en la habitación. con cara de susto tremendo corre desnuda a ver a la habitación, por suerte, el niño aún dormía y no escucho nada. Nos miramos y no contuvimos la risa, por lo salvajes y mal cuidadores de niños que somos. A continuación, nos vestimos y acurrucamos sobre él ya ordenado sofá. Ademas, prometimos volver a vernos, pero la próxima vez sin niños que cuidar, a pesar que no fue un impedimento para desatar nuestros más oscuros deseos.</p>



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